Bosque de palmeras 🌴 

Dejamos Cali y llegamos al pueblo de Salento, buscando conocer la esencia de la cultura cafetera y disfrutar la naturaleza colombiana. Lo primero que hicimos nada mas llegar fue informarnos sobre como visitar el valle de Cocora. Habíamos oído que era uno de los lugares mas bonitos de todo Colombia y desde aquí era fácil llegar.

A la mañana siguiente, a eso de las 9, estábamos subidos en un jeep que en 45 minutos ya nos había dejado en el inicio del trekking. El valle de Cocora se encuentra entre los 1800 y los 2400 metros, por lo que a pesar de formar parte de los Andes, la altura en esta parte de las montañas no es tan terrible. Por eso aunque el camino es casi todo subida, no te falta tanto el aire. 

El clima de la región es muy húmedo, con lluvias constantes. De ahí que durante la primera parte de la caminata se recorre un bosque nuboso. Ya vimos unos cuantos en Vietnam pero no deja de sorprendernos. Debido a la altitud, en los días nublados la niebla lo cubre todo y la vegetación recibe una inmensa cantidad de agua constante. Por eso es de un verde tan increíble. 

Pero lo más espectacular del valle de Cocora es el bosque de palmeras. En concreto es la palma de cera del Quindío, el árbol nacional de Colombia. Son unos árboles espectaculares, que pueden alcanzar hasta los 80 metros de altura. Están en peligro de extinción y solo crecen aquí, por lo que es todo un lujo poder verlas. Y además con un cielo medio despejado, algo muy extraño en un clima como éste.

El trekking de 4 horas por el valle nos ha encantado y volvemos a Salento cansados pero contentos. Mañana visitaremos una finca de café y seguiremos disfrutando del pueblo. Colombia sigue fuerte.

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Laguna 69 🏔

Los días en Lima habían acostumbrado a nuestro cuerpo de nuevo al nivel del mar y volver a la altura ha sido duro. Desde la capital hemos cogido un autobús hasta Huaraz, que se encuentra a unos 3.000 metros. Nuestro objetivo allí era hacer una excursión para visitar el parque nacional Huascarán.

Desde el pueblo salen decenas de ellas, la mayoría de varios días de duración. Muchas son trekkings bastante exigentes e incluso algunas escaladas a montañas que superan los 6.000 metros. Nuestro físico y energía no nos invitaba a hacer ninguna de estas últimas pero si que estábamos decididos a intentar hacer una de las menos duras. Finalmente nos decidimos por el trekking de un día hasta la laguna 69.

A las 5.30 de la mañana el minibus pasó a recogernos por el hostal. Tras 3 horas de viaje llegamos a la entrada del parque nacional y desde allí tocaban otras 3 horas de caminata hasta la laguna. La verdad es que el paisaje alrededor era espectacular, con montañas enormes y nevadas por todas partes y ríos y cascadas transparentes naciendo de ellas. Con comida y agua a nuestra espalda iniciamos el camino.

La primera hora era prácticamente llano, por lo que era relativamente fácil recorrer el valle. Pero después comenzaba el desnivel y no paraba hasta la laguna. Partíamos de unos 3.900 metros sobre el nivel del mar y teníamos que llegar hasta los 4.600. El camino no era complicado pero a esa altura subir, como ya hemos dicho muchas veces, es muy difícil. La segunda hora la superamos con cierta soltura pero la tercera fue una tortura. Cada 5 minutos teníamos que parar a recuperar el aliento porque nos faltaba el aire. Algunas personas tuvieron que abandonar la subida porque no podían respirar.

Finalmente llegamos a la laguna 69, con la lengua fuera y casi sin aire. Pero las 3 de horas de caminata merecieron la pena: un agua azul turquesa al borde de las montañas nevadas, una imagen de documental de naturaleza. El color es irreal, te atrapa y no puedes dejar de mirarlo. Nos sentamos una hora a admirar el paisaje y hacer fotos, aunque nos hubiéramos quedado toda la tarde.

Pero teníamos que regresar al punto de partida para volver a Huaraz. La bajada fue mucho más fácil que la subida, aunque el sol apretaba fuerte y las piernas empezaban a pesar. Por suerte justo al final discurría un río de agua glaciar donde pudimos meter las piernas para relajarlas, uno de los mejores momentos del día.

Al día siguiente dejaríamos Huaraz destino Trujillo, pasando de las cordilleras heladas a la playa del Pacífico. Está claro que Perú es un país de contrastes.

Una guía en Myanmar ðŸ‘©ðŸ»

La chica de la foto se llama Nani y fue nuestra guía en el trekking de 3 días y 2 noches que hicimos desde Kalaw hasta el lago Inle, donde estamos ahora. La acosamos a preguntas durante horas y ella nos respondió a todas sin perder nunca la sonrisa. Hemos aprendido muchísimo de ella sobre este país y se ha convertido en uno de los mejores recuerdos de nuestro viaje por Birmania.

Nani nos acompañó incansable durante los mas de 60 kilómetros que recorrimos. Eran unas 6 horas y media diarias de caminata, recorriendo montañas, bosques y decenas de campos de cultivo. Ella nos explicaba como era la vida de las diferentes tribus que visitábamos y nosotros escuchábamos sin perder detalle.

Las tres mejores conversaciones que tuvimos con Nani fueron:

1) Cuando nos explicó como las chicas conseguían tener novio en los pueblos de Myanmar. Por las noches grupos de chicos se reúnen en torno a un fuego para practicar canciones de amor. Después de un rato, van juntos hasta las casas de las chicas que les gustan y les cantan una canción. La chica escucha y después decide si quiere quedarse a hablar con uno de los chicos. Si elige uno, el resto se marcha a otra casa a seguir probando suerte y la pareja se queda hablando en la puerta. Si todo va bien, se convertirán en novios. Hablamos de este rito durante horas porque nos hacía muchísima gracia.
2) Cuando le contamos a Nani que la gente en España se tumba durante horas al sol para ponerse morenos. No entendía como podíamos pasar calor de esa manera, con lo bonita que es la piel blanca. Menos aún cuando le dijimos que algunos hasta se meten en máquinas para coger color cuando no hay sol. Flipando se quedó.

3) Cuando le intentamos explicar como era tocar nieve. Esta conversación es muy recurrente en el sudeste asiático (poca gente la ha visto alguna vez) y es muy divertida.

En resumen, mereció muchísimo la pena poder hablar con ella y consiguió que el trekking se convirtiese en algo mucho mejor que simplemente andar por el campo.

Recorriendo el Myanmar rural ðŸž

Acabamos de terminar un trekking de 3 días y 2 noches recorriendo el interior de Birmania. Ha sido una experiencia dura pero impresionante, que nos ha permitido entender mejor este país y su gente. Y como veis incluso adoptar algunas de sus costumbres, en este caso el Thanaka, la pintura de la cara que utilizan para protegerse del sol y como maquillaje. La llevan sobre todo mujeres y niños y está hecha con corteza del árbol del mismo nombre y agua.

Han sido 70 kilómetros llenos de campos de cultivo, montañas, bosques y pueblos, donde hemos podido descubrir cómo viven los birmanos fuera de las ciudades, en qué trabajan y como se divierten. Nos hemos quedado las dos noches en casas de aldeanos locales, durmiendo en sus “camas” (colchonetas en el suelo y un par de mantas) y obviamente, utilizando sus baños (letrinas fuera de las casas, apenas un agujero en el suelo en una caseta).

No ha sido cómodo, pero así es como viven ellos. Y son felices, siempre sonrientes y amables, cercanos. Siempre interesados en que te encuentres a gusto, en que conozcas su cultura y en saber más de la tuya. Se nota en cada rincón que el mundo occidental aún no ha llegado hasta aquí, y puedes encontrar honradez e inocencia en cada persona con la que hablas.

De nuevo Myanmar nos ofrece cal y arena, pero como siempre el esfuerzo tiene recompensa. 

Bombas en Laos ðŸ’£

En Nong Khiaw, al pagar la entrada para subir a la montaña (si en Laos se paga por todo, hasta por subir a una montaña) pasas por este puesto de madera.

Los avisos que se leen claramente en los carteles dicen: “Chequeo de tickets” y “Por favor baja la basura”. Pero los mejores son los que prácticamente no se leen: “No abandones el camino”, “Bombas sin explotar en el área” y “Peligroso + hombrecito con las manos en alto”.

Lo que hay escrito en lo que en principio parecía un recipiente para guardar los palos que te prestan para subir, pero luego resultó ser una bomba vacía es: “una de las zonas mas bombardeadas de Laos”. 

El puesto de madera puede rodearse por el otro lado, por lo que si te descuidas al subir no lo lees. Y el hombre de los tickets tampoco avisa. Sube mucha gente a la montaña y no hemos oido explosiones desde que estamos aquí, así que suponemos que la gente no se sale del camino… 

P.d: nosotros no nos salimos ni un milímetro. 

La cima de la montaña ðŸ”

Después del trekking de la jungla nos dijimos a nosotros mismos que pasaría un tiempo hasta el próximo porque habíamos acabado destruidos. Bien, pues han pasado exactamente 48 horas. 

Después de un día entero viajando desde Luang Namtha hasta Nong Khiaw (un día bastante horrible por cierto) decidimos quedarnos en este pequeño pueblo rodeado de montañas.

Nong Khiaw tiene uno de los mejores paisajes que hemos visto en lo que va de viaje, y ya sólo las vistas desde nuestro hostal son espectaculares. Pero nos enteramos de que existía un mirador en lo alto de la montaña donde eran aún mejores. Y allí que fuimos.

Era hora y media de subida, pero con este calor y humedad, unido a nuestro desgaste en la jungla, fue durísimo. Eso sí la vista desde la cima compenso todo el esfuerzo. Un valle inmenso partido por un río, con montañas verde intenso que se extienden por todas partes. 
Lástima no podernos quedar a ver la puesta de sol, pero arriesgarse a bajar a oscuras era demasiado.

Sanguijuelas en el río

La jungla también tiene su lado negativo: mas allá de la humedad y las casi 8 horas de caminata, lo peor fueron las sanguijuelas del río.No nos dimos cuenta hasta horas después, pero a Paula se le había agarrado una por debajo de la rodilla.

Es increíble como un animal tan pequeño puede sacar tanta sangre. Y eso no es lo peor: la herida no se cierra. Mirando en la wikipedia nos enteramos de que inyectan una sustancia anticoagulante que deja la herida abierta durante horas y no para de sangrar. 

Fue mas aparatoso que doloroso, pero un verdadero incordio. Si eso es lo que hacen los bichos mas pequeños de la jungla, no nos queremos imaginar lo que hacen los mas grandes…