Koh Mook tras el monzón 🌅

No hay nada peor que te pille un monzón terrible en una isla pequeña. Lluvia 24 horas durante tres días seguidos que te obliga a encerrarte en casa, porque la alternativa es recorrer el interior mientras te calas hasta los huesos y te llenas de barro. Por suerte teníamos ruta que planear y hemos adelantado algo el futuro del viaje.

Al tercer día salió el sol y por fin pudimos disfrutar de Koh Mook. Es una isla pequeña, donde ni siquiera hay cajeros. Unos cuantos bungalows, algunos mini marts, restaurantes y poco mas. Justo lo que estábamos buscando. Llegar a la playa casi desierta fue un auténtico alivio después de la masificación de Koh Samui y Railey.

Hemos podido disfrutar de dos días espectaculares de playa, con dos atardeceres increíbles. Caminar entre la jungla hasta llegar a la playa, observar la linea de la costa, seguir el recorrido de los pocos barcos que cruzan hasta que se pierden en el horizonte… 

Koh Mook aun conserva algo del paraíso que fue Thailandia y esperamos que siga así.

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La noche en Laos 🌌

Los increíbles atardeceres de Laos tienen una pega: lo pronto que suceden. Durante toda nuestra estancia en el país a eso de las 6 de la tarde ya es noche cerrada. 

Eso nos obliga a levantarnos pronto si queremos aprovechar el día, lo que ya nos viene bien para no convertirnos en unos perezosos. La rápida llegada de la noche no sería problema sino fuese por su combinación con el toque de queda: a las 11 de la noche todo está absolutamente cerrado. Esto quiere decir que, debido al ritmo laosiano, a las 10 ya están recogiendo.

Eso hace que tengamos que cenar relativamente pronto pero sobre todo, que siendo bastante nocturnos como somos, tengamos demasiadas horas sin nada que hacer. Por eso por las noches un buen wifi es una bendición y una malo o inexistente, una condena.

Por suerte ahora pasamos a Camboya donde no existe el toque de queda y podremos disfrutar algo más de la vida nocturna.

Atardecer en Don Det 🌅

Don Det es una isla que si tuviésemos que definir en menos de 10 palabras diríamos: el lugar perfecto para disfrutar de no hacer nada.

El Mekong aísla Don Det del resto de la tierra exceptuando un puente que la conecta con otra isla igual de tranquila, llamada Don Khon. Es la única opción para salir, salvo que te subas a un barco. 

La actividad mas intensa que puedes realizar dentro de la isla es recorrerla andando. Puedes hacerlo tranquilamente en unas dos horas (apenas 9 kilómetros) y contemplar mientras caminas los verdes campos de arroz, los animales pastando y refugiándose del sol y la apacible vida de los locales, que oscila entre la vida rural y la vida orientada al turista.

Puede sonar aburrido y de hecho, lo es. Deliciosamente aburrido. Y el día no es lo mejor: el momento estrella llega con la puesta de sol. A eso de las 4.30 comienza la búsqueda de un bar con buenas vistas y bebidas frías desde el que observar como el sol baja hasta ocultarse. Un placer sencillo, pero un verdadero espectáculo para los ojos. 

Don Det atrapa, y entendemos perfectamente porque se llena hasta arriba de turistas cuando es temporada alta y puedes bañarte en el Mekong (el agua se vuelve azul y la fuerza de la corriente baja, ahora es marrón por el barro de las montañas y la corriente es muy fuerte).

A pesar de todo, podríamos pasar aquí semanas. Simplemente paseando, comiendo y viendo atardecer.

Ver la puesta de sol (en tu móvil)📱

Al llegar a Luang Prabang, habíamos leído que la puesta de sol en la ciudad merecía la pena. Justo en el centro hay una pequeña montaña con un templo en la cumbre desde donde se tiene una vista privilegiada y por eso nos dirigimos allí a ver el atardecer.

Llegamos con tiempo y pudimos plantar la cámara para dejarla grabando y poder disfrutar del espectáculo sin estar pendiente de ella. Aún así fue imposible: la gente no tenía ningún respeto y la golpeaba sin parar, ponía el movil enfrente o incluso se colocaba ella misma delante. 

Después de unos cuantos intentos fallidos, decidimos enfocar a la gente en vez del sol. Allí estaba el verdadero espectáculo: en ver como cientos de individuos luchaban por conseguir la foto perfecta, cosa que era imposible por la cantidad enorme de personas que había por metro cuadrado.

En estos casos es cuando te das cuenta de que muchos valoran la foto por encima de la experiencia: llegan, disparan decenas de fotos desde todos los ángulos posibles y se van. Lo que pasa mas allá del rectángulo del móvil es indiferente.