Los niños

Allá donde vamos los locales tienen un ritmo tranquilo, pausado. Mucha siesta a cualquier hora (sobre todo en horario de trabajo) y mucha calma.

En cambio los niños… los niños son pura energía. No paran de correr, de jugar, de interactuar con los extranjeros. Parecen no haberse contagiado aún del ritmo laosiano.

Incluso los niños monje de vez en cuando dejan la seriedad budista para darse un baño en el río o jugar un partido de fútbol con una pelota improvisada. 

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El ritmo laosiano 🌧

En Laos reina la calma porque el tiempo, como en muchos lugares de Asia, se vive diferente. Todo tiene otra cadencia, otro ritmo. Y eso, para evitar nervios y frustraciones, necesita un proceso de adaptación.

Si tienes que esperar horas para que se llene el bus que te llevará a tu destino, has de aprender a esperar. Si el vendedor de tíquets no aparece, tranquilo, que en algún momento (no se sabe cuando) lo hará. Si la comida no llega (a veces parece que tienen que ir a recoger el arroz para cocinarlo), ya vendrá. 

Y mientras aprendes a esperar, a no tenerlo todo en un ya como en occidente, vas dándote cuenta de que hay cosas que necesitan su tiempo para poder disfrutarlas. Ayer empezó a caer un monzón que duró horas y nos impidió movernos. ¿Qué hicimos? Esperar, contemplar y disfrutar.

Los insectos de Laos

Éste que veis en la foto es de los buenos, pero grande como todos los malos que nos hemos encontrado: arañas, mosquitos, tábanos, abejas, saltamontes, avispas y otros de formas desconocidas. Todos enormes. Y algunos dentro de nuestra habitación (hola araña peluda gigante).

En el sudeste asiático tienes que ponerte antimosquitos a todas horas (el Relec es nuestro fiel amigo) y nosotros lo hacemos, con la esperanza de que los ahuyente a ellos y a todo bicho viviente. Es mas fe que otra cosa, porque hay tantos que es imposible que no se te acerquen. 

Hemos aprendido a amar a las salamandras porque acaban con todos a golpe de mordisco y a los ventiladores volumen 3 porque los repelen. Aún así las picadas no se pueden evitar y para combatirlas tenemos el bálsamo de tigre, que hace milagros con el picor (gracias Teo y Raquel por la recomendación, un día le dedicaremos una entrada entera a este ungüento milagroso).

Dejamos a un lado los reptiles que tendrán capítulo aparte…