Sur de Bolivia, día 3

Tras las malas noticias del día anterior sobre el temporal que se nos venía encima, nos esperábamos lo peor. La noche había sido muy fría y nada mas despertarnos nos dimos cuenta de por qué: había estado nevando durante horas. El suelo estaba completamente blanco y el viento era helador. Desayunamos pan con mantequilla y té de coca caliente, abrigados hasta las orejas.

Sobre las 8 de la mañana nos subimos al jeep y emprendimos la marcha. El plan original se había ido completamente al traste porque la nieve lo ocultaba todo y era imposible acceder al parque nacional. Los guías improvisaron un nuevo recorrido, que nos llevaría al punto mas alto de todo el viaje y desde el que podríamos contemplar volcanes enormes.

Pero la tormenta no arreciaba y la nieve ya se alzaba mas de 30 centímetros del suelo. Por las ventanas del jeep no se veía absolutamente nada y el camino apenas se distinguía. Las ruedas del coche derrapaban por el hielo y los conductores intentaban mantenerlo recto con toda la pericia posible. Pasamos varios ríos helados y a nuestro alrededor solo había blanco.

De repente los guías detuvieron el coche en medio de la ventisca. Nos avisaron de que acabábamos de llegar a nuestro destino: 4.855 metros sobre el nivel del mar. Una piedra con una pequeña inscripción anunciaba la altura y nos bajamos del coche para intentar hacernos una foto. El mal de altura hacía estragos pero el frío era lo peor: una sensación térmica de muchos grados bajo cero. Ni con todo el abrigo del mundo se podía combatir. 

Con este tiempo era imposible ver nada, así que el día terminó pronto. A las tres de la tarde estábamos en el refugio donde pasaríamos la noche. No pudimos llevar a cabo nada de lo planeado y estábamos bastante decepcionados. Por suerte el grupo de aventureros era muy simpático y el resto de la tarde-noche se hizo muy corto. Nos fuimos a dormir rogando que el clima nos diera un respiro al día siguiente.

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Desayunos de montaña ☕️

Tras una experiencia bastante desastrosa en Bago, necesitábamos encontrar un lugar donde descansar y poder disfrutar de la tranquilidad de Myanmar. No esperábamos encontrar Kalaw, un paraíso en la montaña en el que pensábamos pasar tan sólo un día y acabamos quedándonos tres.

La llegada no fue muy agradable: el bus nos dejó a eso de las 6 a.m en medio del pueblo y a esa hora en Kalaw hacía unos 12 grados. Acostumbrados al calor asfixiante del sur de Myanmar, encontrarnos esa temperatura fue un shock a pesar de estar avisados. Además nuestro hostal estaba a las afueras del pueblo, por lo que nos tocó caminar nuestros buenos kilómetros sufriendo un frío helador. En aquel momento maldecimos bastante por haber reservado tan lejos pero acabó convirtiéndose en una gran decisión.

Nada más llegar nos recibió el propietario, un hombre occidental muy amable que ya había visto cientos de mochileros llegar en las mismas condiciones. Nos dejó esperar en la cocina/comedor del hostal, al calor de un fuego bastante agradecido por nuestra parte. En cuanto una habitación quedó libre nos la preparó y a eso de las 9.30 pudimos entrar. Y era mucho mas de lo que esperábamos (y de lo que ofrece normalmente Birmania): camas confortables y cálidas, habitación limpia y baño impoluto. Increíble.

Decidimos alargar un día nuestra estancia para poder descansar y visitar con tranquilidad el pueblo. No sabíamos que lo mejor estaba por llegar: la mañana siguiente disfrutamos del mejor desayuno del viaje. Hacemos una lista de todo lo que había para cada uno dentro de esa tartera metálica:

– un plato de arroz tres delicias 

– Un huevo frito

– 2 generosos trozos de bizcocho de plátano

– 3 rebanadas de pan casero exquisito

– Mermelada de frambuesa casera

– Mantequilla neozelandesa

– Un plátano

– Un café instantáneo 

Además había papaya infinita recién cortada en la cocina, un tostador para el pan y agua caliente para el café.

Podemos decir sin vergüenza ninguna que ese desayuno hizo que nos quedáramos un tercer día, para poder disfrutarlo en esa mesa con vistas a la montaña, el sol entrando entre los árboles y una paz absoluta. Uno de los momentos del viaje.

Bombas en Laos 💣

En Nong Khiaw, al pagar la entrada para subir a la montaña (si en Laos se paga por todo, hasta por subir a una montaña) pasas por este puesto de madera.

Los avisos que se leen claramente en los carteles dicen: “Chequeo de tickets” y “Por favor baja la basura”. Pero los mejores son los que prácticamente no se leen: “No abandones el camino”, “Bombas sin explotar en el área” y “Peligroso + hombrecito con las manos en alto”.

Lo que hay escrito en lo que en principio parecía un recipiente para guardar los palos que te prestan para subir, pero luego resultó ser una bomba vacía es: “una de las zonas mas bombardeadas de Laos”. 

El puesto de madera puede rodearse por el otro lado, por lo que si te descuidas al subir no lo lees. Y el hombre de los tickets tampoco avisa. Sube mucha gente a la montaña y no hemos oido explosiones desde que estamos aquí, así que suponemos que la gente no se sale del camino… 

P.d: nosotros no nos salimos ni un milímetro. 

La cima de la montaña 🏔

Después del trekking de la jungla nos dijimos a nosotros mismos que pasaría un tiempo hasta el próximo porque habíamos acabado destruidos. Bien, pues han pasado exactamente 48 horas. 

Después de un día entero viajando desde Luang Namtha hasta Nong Khiaw (un día bastante horrible por cierto) decidimos quedarnos en este pequeño pueblo rodeado de montañas.

Nong Khiaw tiene uno de los mejores paisajes que hemos visto en lo que va de viaje, y ya sólo las vistas desde nuestro hostal son espectaculares. Pero nos enteramos de que existía un mirador en lo alto de la montaña donde eran aún mejores. Y allí que fuimos.

Era hora y media de subida, pero con este calor y humedad, unido a nuestro desgaste en la jungla, fue durísimo. Eso sí la vista desde la cima compenso todo el esfuerzo. Un valle inmenso partido por un río, con montañas verde intenso que se extienden por todas partes. 
Lástima no podernos quedar a ver la puesta de sol, pero arriesgarse a bajar a oscuras era demasiado.