Atardecer en Hpa An 🌅 

El calor en Myanmar vuelve a ser tan asfixiante como al principio del viaje, en Tailandia. Pero este país es aún más desértico y como todo lo interesante está en el interior, lo lugares que visitamos son mucho mas secos. El sol entre las 11 y las 4 cae con una fuerza brutal y es difícil resistirlo sin intentar ocultarse en la primera sombra disponible.

Como contrapartida los atardeceres en Myanmar son seguramente los mas espectaculares que hemos visto en lo que va de viaje. Apenas hay nubes en el cielo, así que cuando se pone el sol el cielo se ilumina de rojos, violetas y naranjas. Es imposible apartar la mirada.

Ayer disfrutamos de uno increíble en Hpa-An, mientras cruzábamos el río cercano en una pequeña barca. Fueron apenas 10 minutos navegando, pero observar el cielo rosado reflejarse en el agua mientras los últimos rayos de sol se pierden entre las montañas compensó muchas de las perrerías al que este país nos somete.

Parece claro que el slogan de Myanmar se mantendrá como “Una de cal y una de arena”.

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Atardecer en Long Beach ðŸ

Ayer pudimos ver atardecer en Long Beach, una playa de 7 kilómetros de agua turquesa y arena blanca. Debíamos estar unas 50 personas en total, lo que con ese tamaño significaba estar prácticamente solos.

El espectáculo fue increíble: a nuestra espalda se formaba una tormenta que estaba descargando bastante agua, por lo que se podía ver perfectamente el arcoiris. 

Enfrente el sol se anaranjaba mientras caía, tiñendo de ese color todo lo que tocaba. El agua reflejaba todos los colores y su calidez invitaba a ver la puesta de sol dentro de ella.

Los barcos en la costa completaban el paisaje. En uno de ellos volveríamos al pueblo, empapados por la tormenta pero a salvo de la parte mas fuerte de ella. Minutos después caería el monzón con ganas.

Uno de los atardeceres mas increíbles del viaje.

Tardes en moto ðŸŒ…

La mejor hora para conducir por Laos es a partir de las 4, cuando el sol está más bajo y no aprieta tanto el calor. La luz del atardecer ilumina las montañas y los campos de arroz, cambiando el tono de sus verdes y aumentando los contrastes. Durante la tarde los laosianos se activan de nuevo y la vida vuelve a las calles. 

Los comerciantes se acercan a los pueblos grandes con sus vehículos-cocinas ambulantes-tiendas para instalarse en los mercados nocturnos a vender sus productos. Pasarán allí toda su jornada laboral hasta que a eso de las 10 empiecen a recoger para respetar el toque de queda.

Los niños vuelven de las clases a sus casas, en bicicleta o andando, muchas veces varios kilómetros. Los colegios suelen estar a las afueras de los pueblos grandes y dan servicio a todos los pequeños asentamientos de alrededor. Los niños están acostumbrados a andar, se escudan del sol con libros o paraguas. Siempre saludan y sonríen a los turistas y es toda una experiencia ver un grupo grande parado en medio de la carretera gritando “Sabaidee!” (hola).

Y los animales se desperezan de la siesta y emprenden la búsqueda de su merienda. Las vacas y las cabras pastorean en el borde de las carreteras. Los gatos y los perros olfatean los restaurantes en búsqueda de algún occidental que les de un poco de comida. Las gallinas y los pavos picotean por los caminos, seguidos por sus ruidosas y temerosas crías. Y los cerdos se pasean lentamente por las calles, buscando algo que echarse a la boca.