Adios Ecuador, hola Colombia! 🇨🇴

Han sido menos de 15 días en el país, en los que hemos visitado Cuenca, Puerto López, Canoa y Quito. Nuestra idea era intentar disfrutar de un poco de sol tras los meses de invierno en el hemisferio sur, pero el tiempo no nos ha sonreído mucho. Playas hemos visto, pero prácticamente nos vamos tan blancos como llegamos.

La verdad es que tampoco nos hemos introducido mucho en la cultura del país, porque hemos hecho bastante el guiri. Los destinos de playa es lo que tienen, normalmente tienes que sacrificar autenticidad por comodidad. Aún así nos llevamos la impresión de que los ecuatorianos son amables y siempre que hemos necesitado ayuda nos la han proporcionado.

Además también hemos observado el potencial del país en lugares como Cuenca, donde disfrutamos de unos días tranquilos recorriendo sus maravillosos edificios. La otra ciudad grande que visitamos fue Quito y nos dejó la misma imagen que la mayoría de capitales en este lado del mundo: caótica y sobredimensionada. Aunque hay que destacar su transporte público, muy barato y eficiente.

En general Ecuador ha sido un país de paso a nuestro último destino en Sudamérica: Colombia. Todo lo que hemos oído de los viajeros que nos hemos encontrado haciendo la ruta opuesta a nosotros han sido cosas buenas. Tenemos muchas ganas de recorrer este país y empaparnos de su cultura y tradiciones. De hecho la foto pertenece a nuestra primera visita en él: el santuario de Las Lajas, una iglesia impresionante. Colombia empieza fuerte.

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Nubes Grises ☁️

Ecuador no está siendo el país soleado que esperábamos. De hecho es justo lo contrario: un cielo gris constante que nos recuerda a nuestra estancia en Lima. Aquí queríamos disfrutar de la arena y el mar pero ha sido casi imposible. Salvo el día que fuimos a la playa de los frailes cerca de Puerto López, donde tuvimos sol durante unas dos horas, el resto han sido nubes sobre nuestras cabezas.

Hemos pasado un total de 6 días bordeando la costa ecuatoriana, cogiendo infinidad de autobuses para llegar de un sitio a otro. Esta parte del país no destaca por su comunicación por carretera y hay que hacer escalas y cambiar constantemente de bus para llegar al destino. Esta es una de las principales diferencias con Perú: mientras que allí todo es fácil para el turista, Ecuador no está preparado para ello.

En esta semana hemos visitado el pueblo de Puerto López y el de Canoa. Ambos muy turísticos, llenos de chiringuitos en la playa y comercios para guiris. La verdad es que la autenticidad brilla por su ausencia, a pesar de que tampoco hay muchos viajeros internacionales. También ha influido bastante el terremoto que hubo en la zona el año pasado, que aparte de dañar seriamente muchos lugares ha asustado a los turistas. 

A falta de sol nos hemos dedicado a leer sentados en las toallas y observar a los locales bañarse en el mar. A ellos no les importa que no haya sol y que el agua esté fría, aunque hay que decir que se meten en ella con camiseta. Muchas mujeres incluso con un vestido, tal como llegan a la playa. Hay algunos surferos que se animan a intentar coger olas, sobre todo cuando sopla el viento y el Pacífico se pone serio. También hay pescadores que intentan llenar la barca de marisco y pescado para después venderlo en el pueblo. 

El día transcurre gris y tranquilo y cuando atardece nos volvemos al hostal. Tenemos la suerte de haber encontrado uno regentado por españoles, con una dueña que ofrece platos típicos de casa en el restaurante. Hemos vuelto a probar la tortilla de patatas y las croquetas de pollo, lo que nos ha dado mucha felicidad pero también cierta añoranza de casa. Por la noche aprovechamos que internet funciona decentemente para ponernos al día con Netflix, bendito sea.

Tras este descanso volvemos a la carretera por unos cuantos días. Primero visitaremos brevemente la capital y después cruzaremos la frontera, camino a nuestro último país de Sudamérica: Colombia.

Primeros días en Ecuador 🇪🇨 

Nuestro primer contacto con Ecuador ha sido la ciudad de Cuenca, que se encuentra sobre las montañas al suroeste del país. Para llegar hasta aquí viajamos en bus nocturno desde el norte de Perú y a eso de las dos de la mañana estábamos en la frontera. Seguramente de todas las que hemos cruzado, ésta ha sido la mas surrealista: las colas para entrar y salir de Ecuador eran kilométricas, con cientos de turistas esperando durante horas para poder conseguir el sello de entrada o de salida. Y eso que era de madrugada, no imaginamos lo que debe ser durante el día.

Tras 3 horazas de espera conseguimos nuestro permiso y pudimos volver al bus a intentar dormir algo. Unas 7 horas después llegamos a Guayaquil, la segunda ciudad en importancia en Ecuador, donde tuvimos que subirnos a otros bus durante 4 horas para llegar a Cuenca. La verdad es que llegamos destrozados y con pocas ganas de ver nada pero nos esperaba una agradable sorpresa: el que ha sido probablemente el mejor hostal del viaje. Por unos 20€ por noche dormimos en la cama mas cómoda que hemos probado en nuestra vida, con una ducha espectacular y un ambiente cálido y confortable. Cuando llevas tanto tiempo fuera de casa, encontrar algo así es un milagro que se agradece muchísimo.

Nos quedaban 3 días por delante para recorrer la ciudad y disfrutamos cada uno de ellos sabiendo que por la noche podríamos volver allí. En cuanto a la ciudad en sí, también ha sido todo un descubrimiento. Cuenca es conocida como la Atenas de Ecuador por su espectacular arquitectura y por su aporte a las artes, letras y ciencias del país. Su casco histórico es patrimonio de la humanidad y se conserva perfectamente.

Muchos de sus edificios son enormes y magníficos. Aunque tienen un aspecto colonial, la mayor parte de ellos datan del siglo XIX, de la era de la república. Destaca sobre todo la Catedral nueva, de tamaño colosal y que mezcla diversos estilos: gótico, románico y neoclásico. Es un placer pasear por sus calles e ir descubriendo pequeñas maravillas en cada esquina. Además la ciudad tiene un ritmo pausado y tranquilo, nada que ver con la agitada Guayaquil o lo que hemos oído de Quito.

También visitamos las ruinas incas de Pumapungo, el jardín botánico y el museo que allí se encuentra. En él aprendimos mucho sobre las diferente etnias que pueblan Ecuador y sus costumbres, vestimentas y hogares. En especial sobre los jíbaros o también llamados Shuar. Allí pudimos descubrir sus tradiciones, la más llamativa la “tzantza” o reducción de cabezas. Tras tanto tiempo oyendo hablar de ello en películas fue genial poder conocer el verdadero origen de este extraño (y macabro a nuestros ojos) ritual.

Cuenca nos deja un muy buen sabor de boca. Hemos descansado muchísimo y ha sido un gran recibimiento. Ahora nos dirigimos a la costa, a intentar disfrutar de nuestros últimos baños en el Pacífico. Esperemos que el tiempo acompañe.