Cusco days 🌼

Los días en Cusco pasan con calma. Tras las fiestas populares la ciudad vuelve a su rutina aunque sigue llenándose de turistas. Se nota que julio ya está encima y la gente comienza sus vacaciones. Nosotros hemos elegido esta ciudad como base, en principio para descansar de la paliza de Machu Picchu y después para planear el futuro del viaje. Sobre todo EEUU donde hay que reservarlo todo para poder tener un sitio donde dormir.

Con el paso del tiempo hemos desarrollado nuestras rutinas: desayunamos en la calle, comprando “queques” en una tienda al lado de nuestro hostal. Así es como llaman a los bizcochos y las magdalenas. Un poco mas adelante están las señoras con sus puestos de zumo de naranja natural recién exprimido. Es un vicio total. Por menos de un euro te sirven dos vasos enormes y está delicioso.

Por la mañana aprovechamos para visitar algo. Hemos hecho el free walking tour de la ciudad, super interesante. A diferencia de otros que hemos hecho, el de Cusco está mas orientado a las costumbres locales y la vida normal de los cusqueños que a su historia. Recorremos el mercado central, donde nos explican la procedencia de los diferentes productos que venden, incluidos remedios “naturales” para casi cualquier cosa. Hay incluso llamas pequeñas disecadas para llevar a cabo rituales. Todo un espectáculo.

Otro día visitamos el museo inca, donde puedes recorrer la historia de Sudamérica desde el periodo pre-incaico hasta la conquista española. Descubrimos las decenas de civilizaciones que poblaron estas tierras y su influencia posterior en el imperio inca. También recorremos diferentes barrios de la ciudad y sus restaurantes. Probamos platos típicos como el ceviche de corvina (exquisito), el lomo saltado (super sabroso), la cerveza cusqueña o la chicha, la bebida que los peruanos hacen con maíz.

Cuando atardece volvemos a nuestro hostal y planeamos la ruta por la costa californiana. Eso sí, para merendar no faltan bolsas de maíz tostado con sal, el aperitivo por excelencia de Perú. Cuando está bien hecho es realmente adictivo. El wifi aquí es bastante mejor que el resto de lugares que hemos recorrido por Sudamérica, por lo que buscar casas en Los Angeles en airbnb no se convierte en una tortura china. Aunque encontrar algo a un precio asequible es imposible. Después de tanto tiempo hemos olvidado lo caro que es occidente: por el precio de una noche en LA vivimos 3 días en Perú, incluido alojamiento, comida y visitas. Una locura.

Hoy dejamos la ciudad para seguir descubriendo este país. Nos da pena abandonar la comodidad de Cusco, que junto a Buenos Aires se han convertido en nuestros pequeños hogares del viaje. Se empieza a notar que los 10 meses de vida nómada hacen mella y echamos de menos cierta estabilidad. Pero afrontamos el futuro con ganas tras este descanso, porque está lleno de lugares increíbles. El siguiente en la lista es Arequipa.

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Vida de playa 🍉

Estos días hemos dejado algo abandonado instagram y el blog porque básicamente, hemos hecho vida de playa. Necesitábamos unos días de relax y “dolce far niente”. Al final se convirtieron en más de los previstos, porque Koh Rong y Koh Rong Sanloem atrapan.

Son islas donde la rutina es mas o menos ésta: levantarnos a eso de las 9 y desayunar tranquilos mirando el mar. Después conseguir un zumo de fruta o directamente fruta cortada y dirigirnos a la playa elegida para ese día. 

Allí pasamos dos o tres horas, leyendo y disfrutando del agua turquesa. Después a comer, si es posible un curry khmer riquísimo que preparan en un bar trendy de la isla. La sobremesa suele ser a la sombra de una palmera, leyendo o exportando a Camboya una buena siesta.

Tras algo mas de playa y ver atardecer, toca recorrer el pueblo en busca de un lugar tranquilo para hacer tiempo hasta la hora de cenar. Y eso es todo, si tenemos la suerte de que el tiempo acompaña y el monzón no decida aparecer.

Así han sido los días en las islas y han pasado más rápido de lo que imaginábamos. Ahora hemos reanudado la marcha y toda la tranquilidad se ha ido de golpe: nuestra entrada a Vietnam no ha podido ser mas dura. No era normal tanta calma en la vida del badpacker. Pero eso lo contaremos en la siguiente entrada…

Atardecer en Long Beach 🏝

Ayer pudimos ver atardecer en Long Beach, una playa de 7 kilómetros de agua turquesa y arena blanca. Debíamos estar unas 50 personas en total, lo que con ese tamaño significaba estar prácticamente solos.

El espectáculo fue increíble: a nuestra espalda se formaba una tormenta que estaba descargando bastante agua, por lo que se podía ver perfectamente el arcoiris. 

Enfrente el sol se anaranjaba mientras caía, tiñendo de ese color todo lo que tocaba. El agua reflejaba todos los colores y su calidez invitaba a ver la puesta de sol dentro de ella.

Los barcos en la costa completaban el paisaje. En uno de ellos volveríamos al pueblo, empapados por la tormenta pero a salvo de la parte mas fuerte de ella. Minutos después caería el monzón con ganas.

Uno de los atardeceres mas increíbles del viaje.

Nubes de tormenta ☁️

Solo una cosa puede fastidiar un día de playa en Koh Rong: que las nubes decidan confabularse para no dejar salir el sol. Esta mañana nos hemos levantado con un día completamente despejado y por eso hemos decidido visitar la playa mas impresionante de la isla: long beach.

Para hacerlo hemos tenido que hacer un mini-trekking de 45 minutos, cruzando la montaña que se alza entre las playas. No era muy complicado aunque íbamos con mucho cuidado por culpa de las decenas de especies de serpientes venenosas que nos han dicho que hay en la jungla. Por suerte no ha aparecido ninguna y hemos llegado a la otra parte de una pieza.

Pero nada más llegar ha comenzado a nublarse. Temíamos que se acercase el monzón, no solo por la lluvia sino porque habíamos cogido tickets para volver en un barco y salía en 6 horas. Y 6 horas son demasiadas para estar bajo la lluvia.

Al final solo han caído 4 gotas y hemos podido aguantar hasta la tarde sin mojarnos mucho. ¡Ah! Y el barco de vuelta también ha evitado lo fuerte de la tormenta por los pelos.  

Sandflies

La única pega de la playa tropical es la plaga de mosquitos de todo tipo a la que hay que hacer frente. Para los normales venimos preparados: Relec (antimosquitos) en cantidades industriales en brazos y piernas. 

Pero aquí, y parece que en otros muchos sitios de playa del sudeste asiático, existe un tipo de mosca que es inmune al repelente tradicional: la sandfly. Nadie nos había hablado de ella y aún estamos flipando con lo horrible que es. Nada más llegar a la isla nos avisaron contra ella.

Parece que su mordedura es el infierno y no hay manera de calmar el picor. Son casi invisibles y te pican sin que te des cuenta. Por suerte parece que el aceite de coco las ahuyenta y en Koh Rong lo fabrican y venden a buen precio. Mañana nos haremos con él e intentaremos combatirlas.

¡Al fin playa! 🌊

Después de dos meses y un verano sin vacaciones, teníamos mucho mono de playa. Aunque parezca que viajar es relajante, la forma en que lo hacemos tiene un cierto componente de stress: permanentemente estás buscando donde dormir, en que sitio comer, organizando el siguiente desplazamiento… 

Viajar con bajo presupuesto hace que tengas que recorrer varios restaurantes, hostales y compañías de autobús para encontrar el precio adecuado. Y luego siempre pueden suceder desastres varios que te obliguen a cambiar lo planeado…

Por eso necesitábamos llegar a un lugar con playa y pasar unos días en el mismo sitio, simplemente caminando, recorriendo la costa y haciendo nada. Puro relax. Y la isla camboyana de Koh Rong es exactamente eso: kilómetros y kilómetros de arena blanca y fina y un mar transparente y limpio. 

Ayer viajamos unas 12 horas para llegar aquí. Tres autobuses y un barco mas tarde llegamos a la isla y antes de anochecer solo pudimos encontrar un hostal donde dormir. Pero hoy nos hemos levantado pronto para disfrutar de las maravillas de la isla y la verdad es que ha superado con creces nuestras expectativas. Un completo paraíso.

Los horrores de Angkar ☠️

El edificio que se ve en la foto fue un colegio de educación secundaria llamado Tuol Svay Prey. Ahora se ha convertido en un museo de obligada visita si estás en Phnom Phen. Durante los años de la Kampuchea Democrática se transformó en una prisión secreta llamada “S-21” y allí se cometieron miles de torturas, engaños, crueldades y muertes. La “S-21” era conocida por los camboyanos como “El lugar al que la gente llega, pero nunca sale”.

En 1975 la organización guerrillera conocida como los Jemeres Rojos consiguió finalmente tomar la capital de Camboya, derrocando a la dictadura militar de Lon Nol. Esta dictadura era soportada abiertamente por EEUU, que la había fomentado intentando así que Camboya dejase de apoyar a los vietnamitas en la guerra. En aquel momento la imagen de los Estados Unidos en el mundo estaba severamente dañada, por lo que la comunidad internacional celebró que unos guerrilleros derrotaran al “imperialismo yanki”.

Este hecho hizo que durante los 4 años de gobierno de los Jemeres Rojos casi nadie en el mundo creyese los horribles testimonios que contaban las pocas personas que lograban escapar de la Kampuchea Democrática, que fue como renombraron a Camboya tras su victoria. 

Los Jemeres Rojos instauraron un régimen comunista radical, basado en una completa utopia. Creían firmemente en que el pueblo debía volver al campo y que el país debía centrarse en la agricultura. Solo así lograrían huir del terrible capitalismo. Para conseguirlo, abolieron la moneda, cerraron las fronteras del país y evacuaron a la fuerza todas las ciudades, enviando a todo el mundo a zonas rurales y agrícolas. Estamos hablando de que en torno a 3 millones de personas tuvieron que dejarlo todo atrás y empezar una vida rural desde 0. Una auténtica locura. Pero no sería la única, ni la peor.

Los Jemeres Rojos llamaron a su gobierno “Angkar” que puede traducirse como “la organización”. Era un gobierno totalitario y absolutamente paranoico. Estaba obsesionado con lo que llamó “el enemigo interior”: cualquiera podía ser un espía. Para combatir a este enemigo imaginario, crearon prisiones como la “S-21”: lugares a los que llevaban a quienes consideraban sospechosos. Y podía ser cualquiera: se inventaban cargos permanentemente. En la prisión eran sometidos a terribles torturas durante todo el día. Decenas de métodos, a cada cual mas macabro. El objetivo era que confesaran los crímenes de los que se les acusaba. Todos eran falsos y muchos de ellos incluso ridículos, pero siempre conseguían que el prisionero firmara su confesión. 

Después de hacerlo, lo mataban.

El Angkar fue un régimen de terror que en tan solo 4 años mató en torno a 2 millones de su propia población, debido a las ejecuciones, los trabajos forzados y la hambruna. Eso supone 1 de cada 4 camboyanos en aquel momento.

La “S-21” es la prisión mas conocida, por su tamaño y crueldad. Pero había decenas. Tras la caída de la Kampuchea Democrática, se encontraron mas de 20.000 fosas comunes en todo el país. Y se cree que hay muchas más, pero han sido devoradas por la naturaleza.

La palabra “Angkar” aún causa terror en Camboya. Y lo peor de todo es que nadie sabe por qué los Jemeres Rojos decidieron cometer un auto-genocidio. La pregunta sigue sin ser contestada y los responsables que aún quedan vivos parece que morirán sin explicar nada. Y lo más grave: sin pagar por sus crímenes.