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395 . Durante estos 395 días dando la vuelta al mundo nos hemos atrevido a hacer mas cosas que en toda nuestra vida. Hemos dormido en camas que jamás hubiéramos imaginado que podríamos dormir. También hemos contemplado atardeceres en lugares sacados del sueño del mejor paisajista. Hemos descubierto sabores que han hecho que nos explote el paladar y nos arrepintamos de no haberlo probado antes. Hemos sentido lo que es el verdadero cansancio. Hemos entendido el síndrome Stendhal. Pero sobre todo, hemos sido libres y hemos disfrutado del mundo. . Cuando miramos fotografías del viaje sentimos de nuevo el cosquilleo de coger la mochila. Parece mentira, porque hace apenas 10 días llegamos a casa después de muchos meses pensando en volver. Suponemos que esa es la enfermedad del viajero y ambos estamos contagiados. ¿Volvemos al camino? . Mas en badpackers.com . #goodpacking #badpacking #findelviaje #iniciodeotro #395dias

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En el pueblo perdido de Iruya, en medio del Noroeste Argentino, dormimos en la casa de una señora encantadora que nos acogió con una sonrisa. Allí pasamos una noche terrible, con vientos atronadores que se llevaban los tejados metálicos de las casas montaña abajo. A la mañana siguiente, aún asustados, salimos a contemplar el destrozo. Tras hablar con nuestra anfitriona descubrimos que ella también había pasado miedo. Nos dijo que hacía décadas que no soplaba un viento tan fuerte.

Ese día, en una de las puertas de la casa, fotografiamos un poema que estaba escrito en tiza blanca sobre la madera. Era de Gabriel García Márquez y estaba dedicado a los viajeros. Se llama “Viajar es regresar” y habla de que una de las partes mas importantes de un viaje es regresar para poder asimilar lo que has vivido.

Esos versos cobran sentido ahora, tras 395 días recorriendo el mundo. Solo desde casa, rodeados de familia y amigos, empezamos a ser conscientes de la locura que supone 13 meses moviéndonos sin apenas descanso. Improvisar constantemente, adaptarse cada día, sobreponerse a las incomodidades y el cansancio e intentar comprender realidades totalmente diferentes a todo lo que conoces.

Muchas veces hablamos de lo complicado que sería explicar esta aventura al volver. Es imposible definir con palabras lo que supone un año y un mes sin casa, con toda tu vida en una mochila y controlando cada céntimo que gastas. Apenas somos capaces de entender como superamos tantos autobuses de 20 horas, como vivimos en un coche 21 días con un frío helador, como nos las arreglamos para cruzar fronteras de una pieza. 

Durante estos 395 nos hemos atrevido a hacer mas cosas que en toda nuestra vida. Hemos dormido en camas que jamás hubiéramos imaginado que podríamos dormir. También hemos contemplado atardeceres en lugares sacados del sueño del mejor paisajista. Hemos descubierto sabores que han hecho que nos explote el paladar y nos arrepintamos de todo lo que no hemos probado en nuestra vida. Hemos sentido lo que es el verdadero cansancio. Hemos entendido el síndrome Stendhal. Pero sobre todo, hemos sido libres y hemos disfrutado del mundo. 

Cuando miramos fotografías del viaje sentimos de nuevo el cosquilleo de coger la mochila. Parece mentira, porque hace apenas 10 días llegamos a casa después de muchos meses pensando en volver. Suponemos que esa es la enfermedad del viajero y ambos estamos contagiados.

¿Volvemos al camino?

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Un año de badpacking 👩🏻👨🏻🌏🌎

Ayer hizo un año que empezamos esta aventura. ¡Y qué año! Durante este tiempo hemos vivido tanto, y tan rápido, que cuesta asimilarlo. Y es que normalmente, cuando vives algo intensamente, necesitas tiempo para descomprimir y digerirlo. Pero nosotros no lo hemos tenido y apenas somos conscientes de todo lo que hemos hecho, de cada lugar visitado, cada cultura… es tal la cantidad que los recuerdos se solapan y tienes que hacer un esfuerzo para rescatarlos. De lo que sí nos acordamos y tenemos presentes son las miles de horas en bus. Auténticas maratones.

Un año da para mucho y este nos lo llevamos para siempre. Hemos aprendido lo que significa estar de viaje tanto tiempo; un tanto alejado de la idealizada “vuelta al mundo”. También lo que significa viajar con bajo presupuesto, donde tienes que sacrificar comodidad para conocer nuevos lugares. Y como es de necesario tener un lugar al que sentirte en casa. Finalmente, el convivir con otra persona 24/7 que acaba con toda individualidad pero a cambio te da un apoyo y refugio permanente durante esta vida nómada y extraña.

A veces pensamos que con lo aprendido ahora nuestra idea de viaje sería diferente. Menos lugares en más tiempo. Y volviendo a visitar a la familia y amigos para tomar fuerza (y chorizo o llonganissa). Pero en realidad esa idea solo sería posible si hubiésemos hecho este viaje que tanto nos ha dado. Solo podemos estar más que agradecidos de haberlo podido hacer. Gracias Hugo y Paula del pasado por dar el paso.

Y rememorando esta penúltima etapa, como viene siendo costumbre, haremos un pequeño resumen de los países visitados:

Norte de Perú: Acabamos este país con las misma sensación del principio: encantados de descubrir una tierra tan rica en paisaje, culturas y con una riqueza gastronómica brutal. 

Ecuador, visita fugaz: Fueron pocos días que pasamos en Ecuador y sería un poco injusto juzgarlo. No nos acompañó demasiado el tiempo y no vimos demasiado. Eso sí, la ciudad de Cuenca merece una visita.

Colombia: Junto a Perú, la otra joya de nuestro paso por Sudamérica. Un país de tradición española con mucha influencia caribeña que nos ha fascinado. Paisajes variados, gente muy amable y facilidad de transporte. Se nota que quieren cambiar la imagen del país y seguro que lo conseguirán, se lo merecen. Muy muy recomendable.

Y ahora el listado con lo mejor y lo peor:

Mejor comida: Ceviche en El Cevichano, en Lima.

De todos los ceviches que hemos probado en Sudamérica, el que tomamos en un puesto en el mercado de Lima se lleva el primer premio destacado. Que delicia.

Especial mención a la señora Carmen que en nuestros días en las playas de Mancora nos deleitó con unos platos increíbles. Y también destacamos el menú popular en Salento, comida deliciosa a precios ridículos.

Peor comida: Restaurante español en Puerto López, Ecuador.

Quisimos probar comida de casa en un restaurante en Puerto Lopez que habíamos leído que era muy bueno y con dueños españoles. Y menudo fail, estaba horrible. Ni con todas las ganas que teníamos de volver a comer tortilla de patata nos supo buena. Suerte que días después nos resarcimos en otro español en Canoa.

Mejor alojamiento: Hostal Casa de Lídice en Cuenca

Cuenca fue toda una sorpresa y este hostal fue gloria bendita. Suelos de madera, ducha estupenda, wifi decente y la cama. Que cama madre mía. La mejor del viaje sin duda.

Peor alojamiento: un hostal en Santa Marta, Colombia.

Este hostal era bastante justito pero figura en top peor por un solo motivo: había chinches en todas las camas. Terrible. Suerte que nos dimos cuenta antes de ir a dormir y nos picaron poco. Eso sí, tuvimos que buscar un nuevo hostal a las 12 de la noche. 

Mención especial a un hostal en Puerto Lopez del que también nos tuvimos que marchar porque la humedad de la habitación era insoportable. No se podía respirar.

Mejor paisaje: La laguna 69 en Huaraz

El esfuerzo para llegar hasta allí es asesino pero merece muchísimo la pena. Una laguna azul turquesa entre las montañas nevadas de Los Andes. El camino hasta allí también es espectacular, aunque los 700 metros de subida a 4000 metros de altura nos llevaran horas.

Peor paisaje: la Colombia real

Colombia es un país lleno de maravillas, con cientos de cosas que ver. Pero nos da la impresión que hay una Colombia para turistas y otra real, pobre y olvidada. Y no es precisamente un barrio de una ciudad sino la mayoría de ellos. Es duro y triste darse cuenta de eso.

Mejor excursión/visita: Un día en Guatapé 

Una de las mejores excursiones que hemos hecho en todo el viaje. Las vistas desde el peñón de Guatapé son impresionantes y el pueblo cercano un festival de color. Un lugar mágico en el que nos gustaría habernos quedado mucho mas tiempo.

Dos menciones especiales: a la ciudad de Cartagena de Indias (una ciudad que nos enamoró) y al monasterio de Las Lajas (la iglesia mas impresionante que hemos visto).

Peor visita: el pueblo de Canoa, en Ecuador.

Un pueblo de playa que nos habían vendido como idílico y con una playa preciosa y fue todo un bluff. Playa normalita, pueblo super turístico y con 0 encanto. Y para rematar estuvo nublado los tres días.

Mejor experiencia: reencuentro con Patri en Colombia 

Encontrarse con una amiga después de tanto tiempo es emocionante, y sobretodo si es aquella persona con la que has recorrido mundo cada verano. Ahora ya no podemos maljugar al poquer. ¡Tendremos que hacer revanchas en Barcelona!

Peor experiencia: Los mosquitos en el parque de Tayrona 

El parque natural de Tayrona es precioso, pero sus mosquitos son mortíferos. Nos acribillaron sin piedad y sus picaduras son duran una eternidad, además de picar una barbaridad. Habiendo sido picados por mosquitos de medio mundo podemos decir que estos son los peores que hemos visto.

¡Y esto es todo! Solo nos queda un mes por Estados Unidos antes de volver a casa. El badpacking está a punto de terminar pero vamos a aprovechar al máximo el último mes de aventura. 

Nubes Grises ☁️

Ecuador no está siendo el país soleado que esperábamos. De hecho es justo lo contrario: un cielo gris constante que nos recuerda a nuestra estancia en Lima. Aquí queríamos disfrutar de la arena y el mar pero ha sido casi imposible. Salvo el día que fuimos a la playa de los frailes cerca de Puerto López, donde tuvimos sol durante unas dos horas, el resto han sido nubes sobre nuestras cabezas.

Hemos pasado un total de 6 días bordeando la costa ecuatoriana, cogiendo infinidad de autobuses para llegar de un sitio a otro. Esta parte del país no destaca por su comunicación por carretera y hay que hacer escalas y cambiar constantemente de bus para llegar al destino. Esta es una de las principales diferencias con Perú: mientras que allí todo es fácil para el turista, Ecuador no está preparado para ello.

En esta semana hemos visitado el pueblo de Puerto López y el de Canoa. Ambos muy turísticos, llenos de chiringuitos en la playa y comercios para guiris. La verdad es que la autenticidad brilla por su ausencia, a pesar de que tampoco hay muchos viajeros internacionales. También ha influido bastante el terremoto que hubo en la zona el año pasado, que aparte de dañar seriamente muchos lugares ha asustado a los turistas. 

A falta de sol nos hemos dedicado a leer sentados en las toallas y observar a los locales bañarse en el mar. A ellos no les importa que no haya sol y que el agua esté fría, aunque hay que decir que se meten en ella con camiseta. Muchas mujeres incluso con un vestido, tal como llegan a la playa. Hay algunos surferos que se animan a intentar coger olas, sobre todo cuando sopla el viento y el Pacífico se pone serio. También hay pescadores que intentan llenar la barca de marisco y pescado para después venderlo en el pueblo. 

El día transcurre gris y tranquilo y cuando atardece nos volvemos al hostal. Tenemos la suerte de haber encontrado uno regentado por españoles, con una dueña que ofrece platos típicos de casa en el restaurante. Hemos vuelto a probar la tortilla de patatas y las croquetas de pollo, lo que nos ha dado mucha felicidad pero también cierta añoranza de casa. Por la noche aprovechamos que internet funciona decentemente para ponernos al día con Netflix, bendito sea.

Tras este descanso volvemos a la carretera por unos cuantos días. Primero visitaremos brevemente la capital y después cruzaremos la frontera, camino a nuestro último país de Sudamérica: Colombia.

¡300 días de badpacking! 🌎

¡300 días de badpacking! Como podéis comprobar vamos de extremo a extremo: de las cumbres heladas del Aconcagua a las dunas desérticas de Huacachina en Perú. Han sido 50 días de contrastes, de alturas imposibles y de maravillas de la naturaleza. Aquí está nuestro resumen de lo que hemos visto en estos últimos días de viaje y después el ranking de lo mejor y lo peor.

El norte de Argentina fue nuestra iniciación en la cultura inca. El cambio respecto a Buenos Aires es total, parecen países diferentes. Las montañas de colores, los pueblos con historia y las costumbres del pasado comenzaban a hacer aparición y nos llenaban de ganas de continuar hacia el norte.

Bolivia es el país mas pobre que visitaremos en sudamérica, pero no por ello menos recomendable. Solo el salar de Uyuni valdría la visita. Además recorrimos sus ciudades principales, explorando la huella de los colonizadores españoles en cada plaza de armas y en cada iglesia. Aún así lo que mas nos gustó del país fue la mezcla de la cultura propia con la ajena y poder explorar el pasado de una civilización de la que sabíamos muy poco.

Y que decir del sur de Perú. El lago Titicaca, Cusco, Arequipa y la joya de la corona, Machu Picchu. Un país que tiene mas que ganada su fama de foco turístico porque tiene de todo para todos los gustos: historia, gastronomía, vida local, belleza natural y reliquias históricas impresionantes. De momento unos de los países mas recomendables de todo el viaje.

Aquí va el ranking de lo mejor y lo peor de estos 50 días. 

Mejor Comida: Lomo saltado en Aguas calientes (restaurante Full House) y Ceviche en Cusco (restaurante Barrio Ceviche).

Perú es un lujo para el estomago. Es un país donde se come de maravilla por un precio super asequible. Ejemplo de ello es el lomo saltado que comimos en Aguas Calientes: una delicia por apenas 10€. Lo mismo se aplica para el ceviche que nos comimos en Cusco, no costó mas que eso y era un plato riquísimo. En definitiva, si te gusta comer éste es tu país de sudamérica.

Mención especial a Doña Margarita, nuestra cocinera boliviana durante el tour al salar de Uyuni. Unas manos de oro, en especial su lasaña casera y su puchero de lentejas eran para enmarcar.

Peor Comida: Pizza disaster en Aguas Calientes

Los lugares creados para turistas engendran monstruos. Éste en concreto era un restaurante horrible, con la peor pizza al horno hecha jamás sobre la faz de la tierra. La masa era cartón, el queso era deplorable y los demás ingredientes mejor no saber de dónde habían salido. La confirmación de que los lugares para guiris son terribles.

Mejor alojamiento: Hotel Tayta Wasi en Cusco

La ciudad de Cusco nos encantó pero uno de los principales motivos para quedarnos una semana allí fue la comodidad del Tayta Wasi. Una habitación grande, una cama confortable, una ducha caliente y con potencia (una rareza en sudamérica) y un wifi nivel Europa son 4 elementos que no se ven a menudo juntos. Y mas a un precio tan bajo. Si el desayuno hubiese sido mejor, sería un 10 absoluto.

Peor alojamiento: primera noche del tour en el salar de Uyuni

Somos conscientes que un tour de mochileros por la montaña no va a ofrecer hoteles 5 estrellas para pasar la noche. Pero un nivel tan desastroso tampoco es de recibo: tener que dormir a -10 grados en una casa donde la puerta no cierra, las ventanas están llenas de agujeros, el polvo campa por doquier y la calefacción no existe (ni tampoco la luz eléctrica) es demasiado. De la única letrina que teníamos como vater para 10 personas mejor ni hablamos.

Mejor paisaje: Laguna Hedionda

Una laguna de agua cristalina al pie de unas montañas nevadas donde cientos de flamencos bailan y se divierten es algo inolvidable. La laguna Hedionda tiene un nombre terrible pero deja un recuerdo imborrable. Un lugar donde cada fotografía que haces parece sacada de una revista de National Geographic.

Peor paisaje: el pueblo de Uyuni

Terminar el tour por el salar en el pueblo de Uyuni fue un final muy amargo. Este pueblo se ha convertido en un vertedero viviente debido al turismo y al poco interés en conservarlo decentemente. Apenas pasamos 5 horas allí pero fue tiempo suficiente para darnos cuenta del desastre. Cero recomendable.

Mejor excursión/visita: Machu Picchu

Qué decir de una de las maravillas del mundo. Solo llegar hasta allí y contemplar el lugar donde se encuentra edificado ya es todo un espectáculo. Recorrer sus casas perfectamente conservadas, admirar sus cultivos en terraza o subir a las montañas cercanas y observarlo desde las alturas son momentos que no olvidaremos nunca.

Mencion especial a la excursión a Cafayate en el norte de Argentina, un pueblo con mucho encanto cuyo trayecto hacia él fue una de los tours mas interesantes del viaje. Todo gracias a un guía con mucho carisma, gran sentido del humor y suficiente conocimiento para escribir un buen par de libros.

Peor excursión/visita: La primera parte del tour al Salar de Uyuni

Como ya hemos comentado en el apartado de peor alojamiento, los primeros días del tour por el salar no fueron precisamente un paraíso. Mas bien al contrario: el mal tiempo y alguna que otra mentira por parte de la agencia que lo contratamos, ocasionaron que nos pasáramos dos días pasando frío y viendo mas bien poca cosa. Por suerte los dos últimos días compensaron un poco el desastre.

Mejor experiencia: La vida en Perú

En Perú hemos encontrado un lugar donde disfrutar de las costumbres locales con gran comodidad a un precio muy asequible. Nos hemos hecho muy fans de los zumos de naranjas callejeros, de recorrer los mercados populares, de sentarnos en sus plazas de armas al sol de la tarde. Los maíces tostados se han vuelto un imprescindible allá donde vamos e incluso nos atrevemos a comer en menús de 2€, porque todo suele estar muy rico. Un país para disfrutar de la vida normal.

Peor experiencia: la puna

La puna (o mal de altura) nos ha perseguido desde el norte argentino y tenemos unas ganas terribles de deshacernos de ella. Dolores de cabeza, nauseas, cansancio constante… hasta que tu cuerpo se acostumbra prácticamente no puedes dar un paso sin que te falte el aliento. Por suerte no queda mucho para que empecemos a bajar. 

Aquí terminan los Highlights de los 300 días. Durante los siguientes 50 seguiremos recorriendo Perú, nos adentraremos en Ecuador y Colombia y finalmente ¡USA! Se acerca la recta final de la aventura, pero nuestras ganas de viajar siguen intactas. Eso sí, ¡esperamos las playas con ganas!

Caótica La Paz 😰

La Paz está demasiado alta para existir. Su ubicación entre montañas hace que esté llena de cuestas, que se convierten en pequeños infiernos uno detrás de otro. El mal de altura hace estragos aquí, porque todo es un esfuerzo. Además las calles están siempre llenas de tráfico, que circula respetando lo justo las normas de tráfico. Un completo caos.

El primer día aquí tuvimos la suficiente fuerza como para subir al mirador Killi-Killi, cuyo nombre proviene de una pequeña ave rapaz que habitaba allí. Varias cuestas y tramos de escaleras después, llegamos a la cima. No deja de sorprendernos como señoras de 60 años nos adelantan mientras subimos, muchas de ellas cargadas con grandes pesos a la espalda. Los paceños están entrenadísimos y su resistencia es sobrehumana.

Desde el Killi-Killi se puede contemplar toda La Paz y El Alto, un barrio tan grande de la ciudad que tiene entidad propia. Al ver el estadio comprendemos lo que deben sufrir los deportistas que vienen a competir en él contra los bolivianos: cualquiera que no esté acostumbrado a casi 4.000 metros de altura se ahoga después de una simple carrerita. La ventaja de jugar como local aquí es mas grande que en ninguna otra parte del mundo.

Los dos días restantes los dedicamos a intentar adaptarnos a la altura y a recorrer las partes mas accesibles de la ciudad, si es que alguna puede ser calificada así. La Paz no es muy bonita que digamos y tampoco muy segura. Aún así nos las arreglamos para salir indemnes y contentos de ella, sobre todo porque hemos elegido un buen lugar para dormir y hemos encontrado sitios riquísimos para comer.

¡Ah! Y el mercado callejero de La Paz, cerca de la zona turística es uno de los mas inmensos que hemos visto nunca. Calles y calles llenas de puestos y vendedoras, que envuelven mercados físicos, tiendas y almacenes. Nos preguntamos a dónde va tanta comida, porque no hay muchos compradores. 

Ahora abandonamos la ciudad dirección Copacabana, con la intención de visitar el lago Titicaca y pasar nuestros últimos días en el país. 

Sur de Bolivia, día 3

Tras las malas noticias del día anterior sobre el temporal que se nos venía encima, nos esperábamos lo peor. La noche había sido muy fría y nada mas despertarnos nos dimos cuenta de por qué: había estado nevando durante horas. El suelo estaba completamente blanco y el viento era helador. Desayunamos pan con mantequilla y té de coca caliente, abrigados hasta las orejas.

Sobre las 8 de la mañana nos subimos al jeep y emprendimos la marcha. El plan original se había ido completamente al traste porque la nieve lo ocultaba todo y era imposible acceder al parque nacional. Los guías improvisaron un nuevo recorrido, que nos llevaría al punto mas alto de todo el viaje y desde el que podríamos contemplar volcanes enormes.

Pero la tormenta no arreciaba y la nieve ya se alzaba mas de 30 centímetros del suelo. Por las ventanas del jeep no se veía absolutamente nada y el camino apenas se distinguía. Las ruedas del coche derrapaban por el hielo y los conductores intentaban mantenerlo recto con toda la pericia posible. Pasamos varios ríos helados y a nuestro alrededor solo había blanco.

De repente los guías detuvieron el coche en medio de la ventisca. Nos avisaron de que acabábamos de llegar a nuestro destino: 4.855 metros sobre el nivel del mar. Una piedra con una pequeña inscripción anunciaba la altura y nos bajamos del coche para intentar hacernos una foto. El mal de altura hacía estragos pero el frío era lo peor: una sensación térmica de muchos grados bajo cero. Ni con todo el abrigo del mundo se podía combatir. 

Con este tiempo era imposible ver nada, así que el día terminó pronto. A las tres de la tarde estábamos en el refugio donde pasaríamos la noche. No pudimos llevar a cabo nada de lo planeado y estábamos bastante decepcionados. Por suerte el grupo de aventureros era muy simpático y el resto de la tarde-noche se hizo muy corto. Nos fuimos a dormir rogando que el clima nos diera un respiro al día siguiente.

Sur de Bolivia, días 1 y 2

Nuestra llegada a Bolivia fue intensa. Salimos en bus desde Humauaca hacia la Quiaca donde cruzamos la frontera andando para llegar a Villazón. Tras el papeleo y cambiar pesos por bolivarianos, cogimos un taxi hasta la estación de autobuses. Una hora mas tarde estábamos subidos en uno camino a Tupiza, nuestro primer destino en este país. Antes de las 14:00 llegábamos a las afueras del pueblo.

Allí encontramos la primera complicación: los habitantes de Tupiza han bloqueado la carretera de entrada como protesta por no tener agua potable. La que sale del grifo está haciéndoles enfermar y quieren una solución. No nos queda otra que agarrar las mochilas y entrar caminando. Tras chequear un par de sitios nos quedamos en el hostal La Torre donde también contratamos la excursión por el salar: 4 días subidos en un jeep recorriendo el altiplano boliviano. Toda una aventura está a punto de comenzar.

Antes nos pertrechamos para el frío que vendrá: nos han avisado que por la noche pueden alcanzarse los -12 grados. No estamos preparados para aguantar esa temperatura, así que en el mercado local compramos guantes, gorros y calcetines largos de lana. Fue una de las mejores decisiones que tomamos ese día.

Al día siguiente nos levantamos a las 6 am. Hay que madrugar para evitar el bloqueo de Tupiza, así que nos metemos en el jeep y salimos del pueblo. En nuestro coche nos acompañan dos hermanas francesas, el conductor guía y la cocinera. Antes de explicarnos nada nos dan la mala noticia: el clima ha empeorado y es posible que no podamos visitar el parque nacional. Jarro de agua fría, porque nos apetecía mucho.

El primer día de tour empezamos a subir hacia el altiplano, haciendo varias paradas para contemplar el paisaje. Nuestro conductor guía, que se llama Nico, no nos da muchas explicaciones. La cocinera, una boliviana de unos 60 años llamada Margarita, es mas habladora. Poco a poco vamos conociendo su historia y con ella, las particularidades de la vida en Bolivia.

Lo mejor del día es caminar por el altiplano entre decenas de llamas. Los pastores las dejan sueltas por el campo, porque saben que después volverán para protegerse de los pumas. Hay blancas, negras y marrones y todas nos miran con cara de asombro cuando nos acercamos. Con su lana se fabrican abrigos y mantas y su carne alimenta a los habitantes de esta región. 

Correr tras ellas nos pasa factura: a esta altura cualquier esfuerzo te deja sin aliento. El día termina durmiendo en un pueblo perdido en el altiplano, dentro de un saco térmico y bajo 3 capas de mantas. El frío es peor de lo que imaginábamos. Y esto es solo el principio.