Bye Australia, Hello New Zealand

Un mes en Australia parece mucho pero no da para tanto. Hasta que llegas aquí no te haces a la idea de lo enorme que es este país, casi un continente. Hemos recorrido miles de kilómetros en caravana: desde Cairns a Sydney y desde Adelaida a Melbourne. Ademas hemos tenido que coger dos vuelos internos para no malgastar días de viaje, porque aunque nos hubiera gustado disfrutar del país con calma, es todo tan caro que hemos tenido que ir disparados de un sitio a otro.

Nos llevamos grandes recuerdos de Australia: los espectaculares paisajes de la Great Ocean Road, ver canguros y koalas de cerca, las playas blanquísimas de whitsundays o el encanto de Melbourne. También decenas de anécdotas del viaje en caravana, nuestra primera vez viajando y durmiendo en furgoneta. 

Es curioso porque siendo el país donde mas hemos gastado con una enorme diferencia respecto al resto (pero enorme, enorme) es el lugar donde mas pobres nos hemos sentido. La necesidad obliga a intentar ahorrar cada dolar y aquí (como en el resto de occidente) cobran hasta por respirar. Si bien después de 6 meses comiendo de restaurante en el sudeste asiático teníamos ganas de poder cocinar nuestra propia comida (y dejar de comer arroz), cuando llegas a las grandes ciudades descubrimos lo difícil que es sobrevivir con 50€ al día para pagar el alojamiento, 3 comidas, transporte y alguna entrada a museos. 

A pesar de todo Australia ha sido una experiencia increíble y aunque nos hubiera gustado hacerlo con mas dinero, dejamos el país con la sensación de haberlo aprovechado al máximo. Ahora volamos hacia Nueva Zelanda, donde seguiremos la misma filosofía: caravana, ahorro y disfrutar todo lo posible. 

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Sydney 🏙

Sydney tiene aires de capital de país. Es grande, bulliciosa y cuenta con 3 lugares memorables: el Sydney Opera House, el puente de Harbor y la playa de Bondi. Pero también es una ciudad mas gris, mas burocrática y mas fría que Melbourne. No se puede negar que el edificio de la opera de Sydney es muy emblemático y que es muy difícil no quedarse boquiabierto ante la enormidad del Harbor Bridge. Pero el resto de la ciudad es mas intrascendente. Le falta el carácter de su rival del sur, es mas anodina.

A pesar de ello hemos disfrutado durante tres días de sus calles atestadas de oficinistas y sus enormes y cuidados parques. También hemos visitado Bondi Beach y recorrido el paseo que bordea la costa. Hay que decir que Bondi en concreto es bonita pero está demasiado explotada y hasta arriba de gente. Las playas cercanas en cambio tienen mucho mas encanto y al tener menos fama, están mas vacías. Eso sí, el rollo surfero impera por todas partes, igual que en el resto de Australia.

Tenemos claro que si no hubiéramos visto Melbourne antes, Sydney nos hubiera gustado mas. Pero la comparación es inevitable, sobre todo porque ellas mismas compiten y se envidian. Melbourne desearía tener mas lugares mundialmente conocidos, una imagen que definiese la ciudad como lo hace el Opera House. A Sydney le gustaría tener el ambiente cultural de Melbourne, ser mas ecléctica y trendy.

En definitiva tenemos una conclusión clara de esta rivalidad: como viajero, Sydney es una ciudad que te deja una clara imagen para el recuerdo. Pero no genera ganas de vivir en ella: es demasiado impersonal. Melbourne en cambio es mas difícil de describir pero nos vemos viviendo allí y descubriendo sus rincones. 

Great Ocean Road 🌊🛣

Para nuestra última ruta por Australia pudimos coger otra relocation, lo que nos ahorraba unos buenos cientos de dólares. Eso sí, tenía una pega bastante grande: el primer día teníamos que hacer 700 kilómetros y llegar antes de las 6 de la tarde a nuestro camping. De lo contrario nos cerraban y no tendríamos sitio donde dormir. No hubiera sido tan problemático sino fuese porque no nos dejaban recoger la caravana antes de las 9 de la mañana. 

Nos echamos a la carretera con decisión pero sin sobrepasar nunca el límite de velocidad, para tranquilidad de nuestras familias en España. Además las carreteras de Australia son en su mayor parte de dos carriles, uno de ida y otro de vuelta, por lo que es casi imposible ir rápido. La ruta desde Adelaida hasta los 12 de apóstoles por el interior es mas corta, pero soberanamente aburrida. A pesar de todo conseguimos llegar a tiempo e incluso pudimos ver atardecer en la playa observando los apóstoles, que como primer contacto con la gran ruta oceánica es inmejorable.

Los dos siguientes días pudimos disfrutar de las maravillas del recorrido, que son salvajes y asombrosas a partes iguales. La Great Ocean Road es una carretera costera por el sur de Australia, formada principalmente por playas perfectas y acantilados que quitan el aliento. Seguramente estos últimos son lo que mas nos ha gustado de todo Australia y un top ten del viaje sin duda.

Las fotos y los vídeos no hacen justicia de la fuerza con la que la el viento y el mar golpean la roca. La inmensidad y bravura del mar es algo que no habíamos visto nunca y las formas que crea en la roca son únicas. La zona, preparada con mucho respeto para que los visitantes puedan recorrerla, hace referencia en sus carteles a una comparación que es muy cierta: el mar se convierte en un artista con la tierra. La moldea, la crea y la destruye, cambiando constantemente el paisaje y convirtiéndose en un escultor caprichoso y genial.

Cada parada en el camino merece la pena. Cada camino entre los acantilados, cada bajada a la playa para ver el mar golpear. Sientes que el paisaje está vivo y en constante cambio. Te hace sentir pequeño ante la grandeza del mundo, algo que solo habíamos sentido en Islandia.

Es una carretera que todos deberíamos recorrer al menos una vez en nuestra vida, porque es una experiencia que no se olvida jamás. Nosotros nunca podremos sacarnos de la cabeza la Great Ocean Road y su naturaleza salvaje nos acompañará siempre.

¡Koalas! 🐨

En nuestro viaje de Brisbane a Sydney no tenemos todo el tiempo que nos gustaría para visitar lugares durante el trayecto. Para intentar ahorrar algo en este país tan caro hemos tenido la suerte de coger una relocation, un servicio que tienen algunas compañías de alquiler de caravanas que por muy poco dinero te alquilan una furgo. La condición para hacerlo es que la lleves de un lugar a otro en muy pocos días, lo que te permite desplazarte entre ciudades casi gratis pero tiene la pega de que no te deja mucho tiempo para ver cosas.

Por eso para nuestra segunda ruta en caravana hemos tenido que elegir cuidadosamente los lugares a visitar y no ha sido nada fácil hacerlo, porque 900 kilómetros de costa australiana dan para mucho. Una de las paradas obligatorias era el Hospital de Koalas en Port Macquarie, una institución que se ocupa de atender y cuidar a koalas que han tenido alguna enfermedad o algún accidente. 

Tras casi 3 semanas por Australia no habíamos conseguido ver a estos simpáticos marsupiales. Son extremadamente difíciles de avistar, básicamente porque se pasan el día durmiendo en lo alto de los eucaliptos y su color gris no ayuda a encontrarlos entre las ramas del árbol. Por eso decidimos ir al hospital de koalas y poder observarlos mientras aprendíamos un poco sobre su forma de vida. 

Los koalas se pasan la mayor parte de su vida durmiendo, aproximadamente unas 20 horas al día. Esto es debido a que solo comen hojas de eucalipto y como tienen pocos nutrientes, necesitan ahorrar toda la energía posible. Son bastante solitarios y extremadamente tranquilos, con lo que es difícil verles en alguna actividad social. En el hospital de koalas los tratan de la principal enfermedad que les afecta, la clamidia, y les hacen las curas cuando son atropellados o sufren heridas por algún incendio.

Nosotros tuvimos la suerte de visitar el hospital cuando uno de ellos estaba despierto, así que pudimos verle trepar, comer y tomar plácidamente el sol. El resto de los pacientes-koalas estaban durmiendo a pata suelta, algunos en posturas inverosímiles y muy divertidas. Es totalmente comprensible que el koala, junto con el canguro, sean los símbolos de Australia: son unos animales muy especiales y entrañables. ¡Paula se enamoró perdidamente de ellos!

Byron Bay 🏄🏻🏄‍♀️

Byron Bay 🏄🏻🏄‍♀️ . Uno de los lugares de culto en el universo del surf australiano es Byron bay. Un pueblo de ambiente hippie (increíble la cantidad de gente que va descalza por la calle) con todos los tópicos que rodean a este deporte: ambiente chill, rubias y rubios de larga melena por doquier, tablas en cada coche y sonido de guitarra en cada calle. Quizá demasiado turístico y un poco masificado, todas las pegas que puedes ponerle desaparecen al ver su playa. Una línea de arena enorme y semicircular, un agua cristalina y fresca (¡al fin! Porque el agua del norte de Australia es un caldo) y olas de sur a norte que recorren la playa de manera lateral, siendo un verdadero placer sentarte en la arena y ver a los expertos surfear durante horas. . Mas en badpackers.com . #goodpacking #australia #byronbay #beach #surf #sea #ojalasupieramossurfear

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Cuando hablan de Australia como paraíso del surf nunca imaginas que el país está tan volcado en ello. Mas allá de que las playas son inmensas y permanentemente hay olas de buen tamaño, la zona de surfistas es siempre unas 5 veces mayor que la de bañistas. Toda la costa este del país es en realidad una enorme playa llena de “Surf Spots” o lugares de surf, y muchos de ellos son espectaculares.

La mayor parte de estos “Surf spots”, por muy remotos que sean, tienen parking para poder dejar la caravana (vehículo estrella entre los surferos del país) y duchas, incluso muchas de ellas tienen un apoya tablas metálico para dejarla a secar.
Lo que mas sorprende es que aquí surfea todo el mundo. La imagen del surfero de entre 20 y 30 años que todos tenemos en la cabeza se rompe cuando recorres la costa australiana. El surfero aquí no tiene edad: los hay desde niños muy pequeños hasta verdaderos abuelos. Y tampoco genero: un montón de chicas y mujeres se suben a la tabla al lado de los hombres. Es realmente sorprendente ver a un hombre de mas de 60 años llegar con la tabla y coger olas con una agilidad y una fuerza de un chico de 20.

Uno de los lugares de culto el universo del surf australiano es Byron bay. Un pueblo de ambiente hippie (increíble la cantidad de gente que va descalza por la calle) con todos los tópicos que rodean a este deporte: ambiente chill, rubias y rubios de larga melena por doquier, tablas en cada coche y sonido de guitarra en cada calle. Quizá demasiado turístico y un poco masificado, todas las pegas que puedes ponerle desaparecen al ver su playa. Una línea de arena enorme y semicircular, un agua cristalina y fresca (¡al fin! Porque el agua del norte de Australia es un caldo) y olas de sur a norte que recorren la playa de manera lateral, siendo un verdadero placer sentarte en la arena y ver a los expertos surfear durante horas.

No pudimos estar mucho tiempo pero nos quedamos enamorados de Byron Bay. Nos hubiera gustado quedarnos allí unos días, quitarnos las chancletas y fusionarnos con el ambiente. Y porque no, coger una tabla por primera vez y animarnos a entrar al mar. Pero nuestra ruta sigue hacia el sur australiano y tenemos que seguir devorando kilómetros.

Brisbane 🏙

Después de 14 días viviendo en una furgoneta, teníamos ganas de algo de civilización y una cama confortable. Encontramos todo eso en Brisbane, la principal ciudad del nordeste de Australia. Hemos pasado 3 días en la ciudad, recorriendo sus calles y disfrutando de su ambiente tranquilo y relajado.

Brisbane apenas tiene 200 años de antigüedad y como casi todo en Australia, fue fundada por colonos y arrebatada a los aborígenes que vivían en ella. La ciudad está dividida por un enorme río que supone la columna vertebral de la urbe y en torno al cual suceden la mayor parte de las actividades. La parte mas característica es el Southbank, una explanada enorme con jardines y una piscina artificial donde los brisbanitas se refrescan para huir del sol australiano.

En esta parte de la ciudad se encuentra el Queensland Cultural Centre, un enorme complejo que incluye un teatro, la biblioteca principal de la ciudad y cuatro museos. Pasamos allí todo el sábado, rodeados por un montón de familias que disfrutaban del fin de semana aprovechando la oferta cultural, los enormes jardines y la piscina.

El ambiente en general es bastante calmado, el tráfico está muy controlado para ser una ciudad de 2 millones de habitantes y la gente muy simpática y agradable. Nos sorprendió que la mayoría de los carteles están en inglés, árabe y chino, lo que dice a las claras la enorme inmigración que existe en la ciudad. Aunque esto es norma general en todo Australia, un país orgulloso de ser inmigrante en esencia. 

En definitiva Brisbane nos gustó y nos hemos ido bastante contentos de la ciudad. Después de visitar un montón de pueblos costeros y salir algo decepcionados por su poco encanto, Brisbane nos dejó un buen sabor de boca por su ambiente y su aspecto. Ahora volvemos a la carretera: tenemos 3 días para llegar a Sydney.

Rainbow Beach 🌈

Seguimos nuestro viaje en caravana hacia el sur, bordeando la costa este de Australia. Ya llevamos unos 1.600 kilómetros y nuestra primera parte del Road Trip se termina casi sin darnos cuenta. En nada dejaremos nuestra furgoneta y descansaremos de la carretera unos 3 días en Brisbane hasta volver a la ruta.

Ayer visitamos Rainbow Beach, un pequeño pueblo con unas playas increíbles y kilométricas. Es una constante en esta parte de Australia que las playas sean enormes y de arena blanca y fina. Pero lo de este pueblo es aún más extraordinario: al sur de su playa principal, puedes encontrar una duna gigante a 120 metros de altura respecto al mar.

Nosotros llegamos paseando entre los riscos y pasar de caminar entre árboles por un camino montañoso a recorrer una superficie grandísima de arena es una sensación irreal. El extremo este de la duna acaba en un precipicio, que es prácticamente un balcón a la playa. Estuvimos allí solos un buen rato, sentados en la piedra y contemplando las olas y las espectaculares vistas.

Al rato llegaron dos hombres con grandes mochilas y se pusieron a extender una enorme tela. Eran dos paracaidistas, que aprovechando la altura y el fuerte viento se lanzaron desde el borde corriendo, alzaron el vuelo y contemplaron el paisaje desde las alturas. Nos dieron bastante envidia, porque si desde el suelo se veía increíble, desde el aire debía ser aún mejor.