Ciao Argentina, hola Bolivia 

Argentina ha sido un hogar y una aventura. Ha pasado un mes desde que llegamos a Buenos Aires y ya estamos cruzando la frontera del norte, hacia Bolivia. Llegamos aquí destrozados por los 21 días durmiendo en el coche en Nueva Zelanda y por el terrible jet lag de 12 horas del vuelo. La capital nos sirvió, los primeros días, para reponer fuerzas. Echábamos de menos dormir en una cama y tener un lugar al que llamar “nuestra casa”.
Después exploramos la ciudad y nos enamoramos de ella. Una mezcla única de culturas hace de Buenos Aires una ciudad muy especial. Disfrutamos de La Boca, de Recoleta, de Palermo y sobre todo de nuestro barrio, San Telmo. Compramos fruta en los mercados, nos sentamos en sus cafeterías a disfrutar de sus facturas (así se llaman aquí los dulces) y recorrimos las calles como si viviésemos allí. Pasamos 12 días en la ciudad, el máximo de tiempo que hemos estado en un lugar, y lo hicimos nuestro hogar.
Tras reponer fuerzas nos lanzamos a recorrer el norte Argentino. Tuvimos que descartar la Patagonia por el frío, pero nuestra decisión fue acertada. Nos quedamos boquiabiertos con Iguazú, disfrutamos de las ciudades de Mendoza, Cordoba y Salta. Pudimos descubrir los pueblos de Cafayate y Cachi, de arquitectura colonial y con un encanto muy especial.
Pero ante todo nos empapamos de la Pachamama, la esencia de la tierra. Caminamos por quebradas, contemplamos cerros de colores, tocamos cactus gigantes y pudimos ver llamas, alpacas y vicuñas por primera vez. Charlamos con muchos locales que nos contaron historias de tradición y leyenda. Fue la parte de Argentina mas aventurera y nos alegramos mucho de haberla hecho.
Ahora nos adentramos en Bolivia para continuar esa aventura. Seguir pisando el camino del Inca y conociendo su cultura. Explorando el legado español y como se mezcló con la esencia de América. Tenemos ganas de seguir.

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Nuestra final de Champions ⚽️

Mientras en Cardiff el Real Madrid conseguía su doceava copa de Europa, nosotros observábamos desde la terraza de la casa de familia “lo de Asunta” como el Deportivo Iruya jugaba en casa contra el equipo del pueblo rival, el San Isidro. Obviamente el glamour no es el mismo, pero la ubicación del campo es infinitamente mejor.

Iruya es la imagen que debería salir en Google al buscar ” pueblo perdido entre montañas”. El viaje para llegar hasta allí desde Humauaca ya es una aventura en sí mismo: discurre durante horas al borde de un precipicio de cientos de metros de altura por una carretera de un solo carril. Contemplar al conductor del desvencijado autobús tomar las curvas cerradas es una experiencia entre lo suicida y el deporte de riesgo. Hay momentos en los que la parte frontal del vehículo parece suspendida en el aire, como retando a la gravedad a hacerlo caer. 

El pueblo se ubica en una pequeña abertura del desfiladero, donde las montañas son menos escarpadas. Las casas trepan por las faldas de las colinas, en una continua subida a la cima. La cuesta para llegar hasta la última casa (casualmente nuestro lugar para pasar la noche) es una auténtica tortura a esta altura. 

Iruya es polvoriento, seco y áspero. Su gente es dura y silenciosa: el clima de la quebrada la ha moldeado como a la roca. Y lo mas increíble es que este pueblo es un lujo comparado con los de alrededor: tiene electricidad, agua corriente y carretera. Hablando con los locales nos enteramos de que en la quebrada hay pueblos que están a 20 horas o más en burro, subiendo y bajando montañas de miles de metros de altura. Y no hay otra forma de llegar. 

Al marcharnos de aquí, el bus lleva gente de Iruya cerca de estos pueblos. Señoras de 60 años o mas se bajan en medio de la nada y las vemos alejarse montaña arriba, caminando por entre rocas en un paraje desértico. No se ve camino ninguno y la mujer va cargada de bolsas, suponemos que víveres para su familia. El sol cae con justicia y la abuelita caminará horas bajo él. Tras el atardecer seguirá caminando con el frío helador que recorre la quebrada, un viento que se mete en los huesos y no se irá hasta el amanecer del día siguiente.

Notamos como poco a poco dejamos atrás las ciudades y nos adentramos en una parte de Sudamérica rural y humilde. Será toda una prueba pero a la vez, nos enseñará realidades que no somos capaces de imaginar.

Cerros de colores 🌈

Nuestra última etapa en el noroeste argentino ha transcurrido entre cerros de colores. Desde Salta decidimos explorar Purmamarca y para ello tuvimos que coger un bus a Jujuy y desde allí otro a nuestro destino final. Apenas 3 horas de bus en total, un minucia comparado con las palizas que nos hemos pegado este último mes.

Nuestra idea original era quedarnos a dormir en Purmamarca, pero tras una exploración de los albergues de la zona y ver los precios cambiamos de planes. Decidimos visitar el cerro de los 7 colores, el atractivo principal del pueblo, y después coger un bus a nuestro siguiente destino: Humauaca. La caminata por el cerro es de apenas 45 minutos, pero merece la pena. Los colores vivos de las montañas son muy particulares y dan al entorno un aire mágico e irreal.

Pero el plato fuerte estaba en Humauaca: si el cerro de Purmamarca tiene 7 colores, el de aquí tiene el doble. La lástima es que para verlo tienes que contratar una excursión en 4×4 porque no hay transporte hasta allí. Lo que en principio parecía un incordio (nos gusta mas ver las cosas por nuestra cuenta) se convirtió en un punto a favor: nuestro guía y conductor, llamado Jorge, nos encantó. En el coche solo íbamos nosotros dos, él y otra mochilera china que dormía con nosotros en el albergue y con la que al final acabamos entablando amistad. 

Jorge nos contaba las particularidades de la zona y las tradiciones de los humauaqueños, salteándolo con anécdotas de su vida. Mientras nosotros traducíamos al inglés para que nuestra compañera china entendiese algo. El camino se nos hizo corto y llegamos al cerro en un abrir y cerrar de ojos. Y la verdad es que es espectacular, un paisaje único.

El cerro de los 14 colores se encuentra a 4.350 metros de altura y aunque hacía sol, el frío era bastante intenso. Además aún no estamos acostumbrados a la altitud por lo que cualquier pequeño esfuerzo nos pasaba factura: subir una pequeña cuesta era un esfuerzo considerable. Aún así merecía la pena estar allí contemplando una sierra multicolor prácticamente solos. Un espectáculo para la vista.
Ahora solo nos quedan un par de días en Argentina hasta cruzar la frontera. Bolivia nos espera.

Descubriendo la Pachamama 🌵

Nuestra ruta por el noroeste argentino continúa, cada vez a mas altura y con algo mas de frío. Desde la ciudad de Mendoza pudimos visitar el Puente del Inca y llegar hasta la entrada del parque del Aconcagua. No pudimos avanzar mas porque el ejercito argentino no nos lo permitía: la nieve ha comenzado a caer con fuerza y muchos pasos de montaña están cerrados.

Desde Mendoza hemos subido mas al norte, hasta la ciudad de Salta. El invierno ha llegado temprano según nos cuentan los locales: está permanentemente nublado y el frío es constante. Aquí teníamos pensado realizar dos excursiones por los alrededores, a los pueblos de Cachi y Cafayate. Y por suerte el tiempo nos ha sonreído y hemos podido hacer las dos.

El camino a Cafayate desde Salta discurre hacia el sur, siguiendo el río de las conchas entre la quebrada del mismo nombre (una quebrada es como llaman aquí a un desfiladero). Y la verdad es que es un camino espectacular: el choque de las placas tectónicas hace millones de años provocó que lo que antes era suelo marino se alzase hasta convertirse en montañas. Conducir por la carretera es un espectáculo y a cada momento quieres parar y fotografiar el paisaje: seco, montañoso y con decenas de tonalidades de rojo. 

El pueblo de Cafayate se encuentra en el valle y tiene un clima increíble: tiene 360 días de sol al año. Alrededor está nublado, llueve o nieva, pero allí brilla el sol. Por esta razón y por su altura, la temperatura es ideal para cultivar vino y a eso se dedican con bastante éxito. Las casas y edificios son muy coloniales y parecen congeladas en el tiempo: blancas, de puertas grandes y formas duras, frescas en su interior para combatir el calor del verano.

La ruta a Cachi se dirige hacia el oeste, dirección Chile. El paisaje es totalmente diferente: montañas enormes tapizadas por hierba verde. Para llegar recorremos la cuesta del obispo que nos lleva desde los 1250 metros hasta la cima a 3340. Justo allí visitamos el parque nacional de los cardones, que como su nombre en argentino indica, está lleno de cactus. Los mas grandes que hemos visto en nuestra vida. Un poco mas allá se encuentra el pueblo de Cachi, rodeado de montañas nevadas pero con cielo permanentemente despejado, como Cafayate. Parece cosa de magia que ambos pueblos tengan siempre el azul del cielo presente. 

Durante esta parte de la ruta hemos tenido nuestros primeros contactos con la cultura Inca. De ahí el nombre de la entrada: Pachamama es la madre tierra en quechua, la diosa que representa el planeta y el territorio que ahora estamos pisando. Por la quebrada de las conchas discurría una pequeña parte del Camino del Inca, una ruta de 60.000 kilómetros (sí, lo hemos escrito bien, 60.000!) que unía Quito en Ecuador con Santiago de Chile, pasando por Perú, Bolivia y Argentina. Este larguísimo camino era la columna vertebral del imperio inca y el que permitía controlar un territorio tan extenso. Lo volveremos a encontrar en el futuro.

Ahora seguiremos hacia el norte, dirección a Bolivia. Pero aún nos quedan algunas sorpresas que descubrir en el norte de Argentina antes de cruzar la frontera.

¡250 días de viaje! 🎉

¡Badpacking cumple 250 días! Como podéis ver nuestro propósito de que fuera verano durante todo el viaje se ha ido al traste, pero estamos felices de poder celebrar este hito en la nieve. Como es tradición haremos un breve resumen de lo que hemos visto en estos 50 últimos días de viaje y después el ranking de lo mejor y lo peor.

Tras el calor del norte de Australia, el sur fue algo más otoñal. La verdad es que es una de las mejores partes del país: la Great Ocean Road nos dejó boquiabiertos y Melbourne nos encandiló con sus graffitis y su esencia cosmopolita. Acabamos la ruta en Sydney, que nos dejó un poco fríos a pesar de la espectacularidad del Opera House.

Nueva Zelanda fue mas duro de lo que esperábamos. Nuestra mochila estaba preparada para un eterno verano y algunas veces nos vimos superados por el frío y la lluvia. Teníamos grandes expectativas del país y aunque nos gustó, nunca acabo de estar a la altura. En parte es culpa nuestra, porque Islandia nos impresionó tanto que es difícil de igualar.

Después de vivir 21 días durmiendo bajo mantas en un coche necesitábamos descansar en un lugar confortable que pudiésemos llamar casa. Y eso fue para nosotros Buenos Aires: nuestro pequeño hogar en Argentina. Vivimos 12 días en la ciudad, recuperándonos del kilometraje y del jet lag. Y la verdad es que nos enamoramos poco a poco de la ciudad, de la que nos llevamos un recuerdo muy especial. Después visitamos las cataratas de Iguazú, que nos dejaron sin habla por su increíble fuerza y finalmente Córdoba, donde pasamos 3 días muy agradables conociendo mejor la esencia de Argentina.

Aquí va el ranking de lo mejor y lo peor de estos 50 días. 

Mejor Comida: Taco Night. 

Durante esta parte del viaje hemos recurrido mucho a comprar comida en el supermercado y cocinar nosotros. Los precios de los restaurantes en Oceanía eran prohibitivos y no quedaba otra que tirar de camping gas para ahorrar, con lo bueno y malo que eso conlleva. De lo bueno destacamos la Taco night: tacos de carne de ternera australiana sazonados con una mezcla de especias, tomate y cebolla. Riquísimos.

Mención de honor a las empanadas argentinas: probamos unas en cada pueblo y ciudad que visitamos y siempre nos encantan.
Peor Comida: sopa de sobre con arroz. 

Aquí viene la parte mala de cocinar: a veces te faltan ingredientes y no tienes donde comprarlos. Entonces toca improvisar y alguna vez fracasas: nuestra sopa de sobre con arroz hervido el día anterior era fatal. Lo único bueno que tenía era que estaba caliente y se agradecía en las noches frías de Nueva Zelanda.

Mención especial al puré de patata fail: en Argentina tuvimos un pequeño fallo de comunicación en la tienda y acabamos haciendo puré de batatas en vez de patatas. Y la verdad, no es lo mismo.
Mejor alojamiento: Airbnb en Christchurch y Córdoba. 

En Occidente Airbnb es una solución ideal para ahorrar en alojamiento y tener algo mas de privacidad que en un hostal-dormitorio. Este servicio nos ha dado muchas alegrías y Christchurch y Córdoba son las dos mejores. En la primera teníamos una habitación enorme que tenía hasta manta eléctrica en la cama y en la segunda unos anfitriones de lujo, que nos trataron como reyes. 
Peor alojamiento: Airbnb en Auckland

La única mala experiencia que hemos tenido con Airbnb fue en Auckland. No es que la casa estuviese mal (tampoco estaba bien) pero los anfitriones nos hicieron sentir constantemente como si estorbásemos. Cero agradable.

Mención especial a algunos campings de Oceanía, cuyas instalaciones dejaban muchísimo que desear para el precio que tenían.
Mejor paisaje: los 12 apóstoles y las cataratas de Iguazú.

Aquí hemos sido incapaces de desempatar. Son dos maravillas únicas en el mundo, donde la naturaleza te hace sentir pequeño e insignificante ante su demostración de fuerza y belleza. Dos momentos increíbles de este viaje que nunca olvidaremos.
Peor paisaje: el hype de Nueva Zelanda

Nos duele pero lo sentimos así, Nueva Zelanda no es para tanto. El Señor de los Anillos ha vendido un país que te sorprende constantemente y no es verdad. Es un país muy verde, montañoso y natural pero no es espectacular. Todo el hype que tiene no le hace ningún bien.
Mejor excursión/visita: Museo Te Papa en Wellington

Aquí sí que Nueva Zelanda nos sorprendió. El museo Te Papa es una visita obligada, tanto por la exposición de cultura maorí como por Gallipolli, probablemente lo mas increíble que hemos visto dentro de un museo. Todo gracias al trabajo de WETA Workshop, los creadores de todo el maquillaje y efectos especiales del señor de los anillos. 
Peor excursión/visita: Hobbiton

Aquí la otra cara de la moneda. Una auténtica visita sacacuartos, donde ves la fachada de 10 casitas hobbit, te tomas una cerveza en una taberna de pega y para casa. Sabíamos que iba a ser para turistas, pero podría ser infinitamente mejor. 
Mejor experiencia: sentirte en casa en Buenos Aires

Estábamos destrozados después de miles de kilómetros en coche y nuestro cuerpo nos pedía clemencia. Decidimos escucharle y quedarnos 12 días en Buenos Aires, en una casa en el barrio de San Telmo. Los últimos días parecía que vivíamos allí: teníamos nuestras rutinas, nuestros lugares preferidos para comer, nuestra cama confortable… lo mas cerca que nos hemos sentido de un hogar durante el viaje.
Peor experiencia: 12 horas de Jet Lag.

Nunca habíamos experimentado algo así y esperamos no volver a hacerlo. El vuelo de Nueva Zelanda a Buenos aires nos destrozó. Tantas horas de diferencia te dejan el cerebro frito (nos dolió la cabeza durante días) y tu cuerpo no sabe cuando tiene que dormir y cuando comer. Suerte que teníamos tiempo para recuperarnos. 

Hay que decir que hemos tenido muchísima suerte: nos hemos salvado por los pelos de dos ciclones, uno en Australia y otro en Nueva Zelanda. Así que esta vez no podemos quejarnos mucho en este apartado.
Aquí terminan los Highlights de los 250 días. Los siguientes 50 serán por America del Sur, recorriendo el noroeste de Argentina, Bolivia y Perú. Nos esperan mas aventuras y por lo que parece, mas frío. ¡Pero lo afrontamos con ganas!

Iguazú 💧

Tras unas 20 largas horas de bus desde Buenos Aires llegamos a Puerto Iguazú. La verdad es que el pueblo no es muy agradable que digamos, un conglomerado de casas, hostales y restaurantes callejeros que juntos componen lo necesario para ofrecer las comodidades justas al turista. Pero lo realmente impresionante está a 15 minutos de bus de distancia: las cataratas de Iguazú.

El botánico suizo Robert Chodat describió de una forma muy gráfica y precisa su imponente grandeza: “Cuando nos encontramos al pie de este mundo de cascadas y vemos, a 82 metros por encima de nosotros, el asombroso espectáculo de un océano cayendo a raudales en un abismo es casi escalofriante.” Ese escalofrío ante la magnitud y poder que despliega la naturaleza es la sensación que te invade al contemplar esta maravilla natural del mundo.

El momento cumbre ocurre cuando caminas sobre la pasarela que discurre por encima de la Garganta del Diablo. Allí la tierra parece hundirse y desaparecer ante tus ojos, mientras un río que metros atrás discurría pacífico se transforma en violencia mientras cae hacia el vacío. Las toneladas de agua golpean con tal fuerza el suelo que, a pesar de suceder 80 metros mas abajo, se produce una lluvia constante sobre la parte superior de la catarata. El paisaje es increíble, parece irreal. Te hace sentir insignificante.

Por si no fuera suficiente con las múltiples cascadas, el parque natural ofrece muchos otros motivos para visitarlo, como su naturaleza salvaje y su fauna local. Aquí puedes observar al avispado coatí (cuyo nombre significa nariz alargada en guaraní) un pequeño mamífero que parece una mezcla entre oso hormiguero y mofeta, y que como los possums en Oceanía, se lanzan sin dudarlo a por la comida de lo turistas. 

También encuentras correteando por los caminos y saltando de árbol en árbol ágiles monos capuchinos con su característica cabeza llena de pelo a modo de capucha. Para los amantes de las aves, Iguazú es todo un descubrimiento: 418 especies viven allí. Desde los inmensos jotes hasta las graciosas urracas de cabeza azul. Y si tienes suerte (nosotros la tuvimos) puedes ver hasta tucanes. 

Iguazú es un lugar increíble que parece pertenecer a ese pasado remoto donde la naturaleza dominaba el mundo. Merece la pena cada hora de bus desde Buenos Aires por contemplar este paraíso perdido.

Buenos Aires, día 12 👠

Se acaban nuestros días en la capital de Argentina y de nuevo nos ponemos en marcha con la mochila a la espalda. Han sido casi 2 semanas en Buenos Aires que nos han servido para descansar de la paliza de kilómetros que supuso Oceanía. También hemos acumulado fuerzas para lo que viene, que es mucho: 2 meses recorriendo el noroeste de Argentina, Bolivia y Perú. Después no tenemos claro qué hacer, porque llega el verano en Europa y los precios se disparan en sudamérica. 

Estos últimos días hemos aprovechado para planear el futuro del viaje, pero también nos ha dado tiempo para descubrir otras partes de la ciudad. Lo que mas nos ha gustado de esta segunda ronda de visitas han sido los barrios de Recoleta y Retiro. No tienen nada que ver con los anteriores: están llenos de enormes palacios de las familias importantes de Buenos Aires. Muchos de ellos pertenecen ahora al gobierno y tienen diferentes funciones que los porteños utilizan, pero no han perdido un ápice de majestuosidad. Hablan de un tiempo donde Argentina era una potencia mundial y el dinero corría por la ciudad como un torrente, inundándolo todo.

También pudimos pasear por el mercado de San Telmo durante todo el domingo. La semana anterior llovió muchísimo y todos los comerciantes y músicos callejeros tuvieron que recoger y protegerse del agua. Por suerte esta vez el tiempo aguantó y lo vimos en todo su esplendor. Calles y calles llenas de vendedores y música en cada esquina. La mayoría de los puestos son de antigüedades: ya sea bisuteria, revistas, recuerdos, juguetes, obras de arte… todo de un pasado mejor. El mercado en sí destila un aire melancólico, de un Buenos Aires brillante y vibrante que ya no lo es tanto. Es una atmósfera muy particular.

También pudimos disfrutar de ver tocar y bailar un tango en directo. En el cruce de calles de la plaza Dorrego dos guitarristas y dos bailarines ya entrados en años hacían disfrutar a la multitud con su música. Alrededor los vendedores de dulce de leche y pasteles típicos hacían negocio con los turistas, pero sobre todo con los locales. Quizá eso es lo mejor del mercado de San Telmo: muchos porteños de diferentes barrios siguen viniendo, por lo que aún conserva su esencia.

Y con esto ponemos fin a nuestro descanso en la capital de la república. Ahora vamos al norte, a la frontera con Brasil, a ver uno de los lugares mas espectaculares del mundo: las cataratas de Iguazú.