New York I love you, but you’re bringing me down 🌇

Hoy es el último día del viaje. Parece mentira pero mañana a estas horas ya estaremos en Barcelona (y Bilbao).

Desde el principio sabíamos que queríamos despedirnos de esta aventura a lo grande y no hemos podido elegir un lugar mejor: New York. Aquí hemos podido reencontrarnos con Marta y Tony; ha estado genial compartir con ellos un fragmento del viaje. Y también hemos celebrado los treinta de Paula cenando por primera vez en mas de un año en un japonés.

Durante algo mas de una semana hemos podido recorrer diferentes zonas haciendo kilómetros y kilómetros. Y porque no confesarlo, volviéndonos adictos al Poke y haciendo nuestras paradas de rigor en uno de los miles de Starbucks que inundan la ciudad.

Hemos hecho un picnic en Central Park, hemos descubierto High Line y Chelsea, hemos visitado el MoMa, hemos pateado Times Square. Hemos rodeado la estatua de la libertad subidos en el ferry a Ellis Island, hemos comido en un pizzeria en wall street rodeados de brokers, nos hemos quedado impactados con el memorial a las víctimas del 11S. Contemplamos el sol ponerse sobre el skyline desde Brooklyn y Williamsburg, hemos paseado por East Village, hemos visto las tiendas del SoHo y nos hemos sorprendido con el contraste entre Chinatown y Little Italy. 

En definitiva una visita turística por las zonas más emblemáticas de la ciudad. Nos queda pendiente Coney Island, que la dejamos para otra ocasión.

Es difícil clasificar New York. Tienes la sensación que constantemente pasan cosas, en todos los sitios. Siempre sientes que te estás perdiendo algo. La ciudad te obliga a estar siempre inquieto y despierto para seguir su ritmo. Por eso para conocerla de verdad no vale con pasar unos días. Necesitas vivir aquí para encontrar un hueco entre tanta competencia y adaptarte a la locura. 

La gente es de lo mas variopinta y bastante joven. Parece que los mayores prefieren una vida mas tranquila en otros lugares alejados de la gran urbe. New York es un buen lugar para crecer y para propulsar tu vida profesional, pero no tanto para cultivar una gran vida en comunidad, por lo menos no como la entendemos en Europa. Hay mucha gente en todas partes pero a la vez tienes la sensación de que cada uno va a la suya.

Nosotros nos despedimos de la ciudad y el viaje con una mezcla de sensaciones: agradecimiento por todo lo vivido, algo de prematura nostalgia al recordar cada momento y con muchas ganas de volver a casa y recuperarnos mental y físicamente.

Al fin estamos a tan solo un avión de distancia de nuestras familias y amigos. ¡En horas nos vemos! 

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