Cometas en Villa de Leyva ðŸŒ¬

Antes de visitar a fondo Bogotá, decidimos pasar por un pueblo que está a 3 horas al norte llamado Villa de Leyva. Es un pueblo pequeño que tiene un encanto especial porque han conservado toda la arquitectura de los tiempos de la colonia. Esto es así debido a que a finales del siglo XVII sufrieron una plaga terrible en las cosechas de trigo y muchos de sus habitantes tuvieron que abandonar su hogar y buscar nuevos lugares para cultivar, por lo que Villa de Leyva entró en decadencia y su población se redujo drásticamente.

La sensación cuando recorres las calles es la de haber viajado en el tiempo 300 años: suelos empedrados, casonas blancas de suelo de teja con balcones exteriores y grandes patios interiores. Los villaleyvanos los han conservado como en su origen y los han aprovechado para abrir restaurantes y cafeterías en una ubicación única. Es genial poder traspasar las puertas de las casas e irlos descubriendo uno a uno.

El pueblo está muy enfocado al turismo pero en Colombia tienen mucho gusto a la hora de abrir comercios y restaurantes, así que nunca te sientes en un sitio artificial. La modernidad convive con la tradición de una forma sencilla y natural. Los lugares históricos se suceden uno detrás de otro y en cada rincón hay alguna historia que descubrir. Nunca te cansas de pasear porque todo invita a ello.

Además tuvimos la suerte de coincidir con el festival anual de cometas de Villa de Leyva. Lo que creíamos que serían cuatro gatos era en realidad una competición muy seria donde los villaleyvanos se implican al cien por cien. El ayuntamiento cierra la enorme plaza central y allí se reúnen cientos de personas con cometas de gran tamaño y con diseños espectaculares. Mientras dura el festival el cielo está siempre lleno de colores vivos bailando al son del viento.

Durante los tres días de la competición viene mucha gente de los alrededores a observar el espectáculo. Y la verdad es que merece la pena: aquí hemos visto las cometas mas grandes de nuestra vida y las hemos visto volar tan alto que apenas se distinguían en el cielo. No acabamos de entender del todo las reglas del juego, pero estaba claro que la rivalidad entre equipos era fuerte y que venía de años atrás.
Villa de Leyva nos gustó a pesar de que solo pasamos un día allí. Ahora volvemos a Bogotá, para recorrer la capital de Colombia y descubrir sus secretos.

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