Laguna 69 🏔

Los días en Lima habían acostumbrado a nuestro cuerpo de nuevo al nivel del mar y volver a la altura ha sido duro. Desde la capital hemos cogido un autobús hasta Huaraz, que se encuentra a unos 3.000 metros. Nuestro objetivo allí era hacer una excursión para visitar el parque nacional Huascarán.

Desde el pueblo salen decenas de ellas, la mayoría de varios días de duración. Muchas son trekkings bastante exigentes e incluso algunas escaladas a montañas que superan los 6.000 metros. Nuestro físico y energía no nos invitaba a hacer ninguna de estas últimas pero si que estábamos decididos a intentar hacer una de las menos duras. Finalmente nos decidimos por el trekking de un día hasta la laguna 69.

A las 5.30 de la mañana el minibus pasó a recogernos por el hostal. Tras 3 horas de viaje llegamos a la entrada del parque nacional y desde allí tocaban otras 3 horas de caminata hasta la laguna. La verdad es que el paisaje alrededor era espectacular, con montañas enormes y nevadas por todas partes y ríos y cascadas transparentes naciendo de ellas. Con comida y agua a nuestra espalda iniciamos el camino.

La primera hora era prácticamente llano, por lo que era relativamente fácil recorrer el valle. Pero después comenzaba el desnivel y no paraba hasta la laguna. Partíamos de unos 3.900 metros sobre el nivel del mar y teníamos que llegar hasta los 4.600. El camino no era complicado pero a esa altura subir, como ya hemos dicho muchas veces, es muy difícil. La segunda hora la superamos con cierta soltura pero la tercera fue una tortura. Cada 5 minutos teníamos que parar a recuperar el aliento porque nos faltaba el aire. Algunas personas tuvieron que abandonar la subida porque no podían respirar.

Finalmente llegamos a la laguna 69, con la lengua fuera y casi sin aire. Pero las 3 de horas de caminata merecieron la pena: un agua azul turquesa al borde de las montañas nevadas, una imagen de documental de naturaleza. El color es irreal, te atrapa y no puedes dejar de mirarlo. Nos sentamos una hora a admirar el paisaje y hacer fotos, aunque nos hubiéramos quedado toda la tarde.

Pero teníamos que regresar al punto de partida para volver a Huaraz. La bajada fue mucho más fácil que la subida, aunque el sol apretaba fuerte y las piernas empezaban a pesar. Por suerte justo al final discurría un río de agua glaciar donde pudimos meter las piernas para relajarlas, uno de los mejores momentos del día.

Al día siguiente dejaríamos Huaraz destino Trujillo, pasando de las cordilleras heladas a la playa del Pacífico. Está claro que Perú es un país de contrastes.

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