Gris ☁️

Hemos pasado una semana en Lima y absolutamente todos los días, cada minuto de cada hora, el cielo ha estado lleno de nubes de color gris. Este color inunda las calles, se refleja en los edificios, invade los acantilados de la costa. Es duro ser limeño y no ver casi nunca el sol. Por eso cuando encuentras una nota de color en alguna esquina es toda una alegría. Y por suerte la ciudad esconde varios rincones donde llenarte de vida.

Nuestro primer hostal en la capital de Perú era tan desastre que solo pasamos una noche allí. La cama era puro cemento, las ventanas eran de papel y el horrible tráfico de la ciudad resonaba por todas partes. Ah y como no, el wifi era inexistente. Dormimos tan mal que al día siguiente cancelamos el resto de las noches y buscamos un nuevo lugar donde pasar la noche. Por suerte Paula encontró una habitación en Airbnb que prometía mucho en el mejor barrio de la ciudad, Miraflores. Y allí que fuimos esperanzados, buscando encontrar un lugar donde descansar.

Bendito Airbnb. La casa era increíble, la anfitriona amabilísima y la ubicación inmejorable. Los dos días restantes se transformaron en seis. Incluso parecía que el sol podía salir entre la nubes. Tras un día de sueño reparador nos propusimos descubrir Lima, sobre todo sus delicias gastronómicas. A destacar: la sandwicheria “La lucha”, bocadillos de una carne excelente y unas papas riquísimas. La cocina al wok de “Sr saltado”, una mezcla de sabores asiáticos y peruanos a un precio asequible. Y sobre todo “El Cevichano” un puesto del mercado de Miraflores donde probar platos peruanos tradicionales. El ceviche que preparan allí es insuperable. Uno de lo platos del viaje.

Para bajar toda esta comida caminamos bastante y exploramos a fondo nuestro barrio. Es el mas elegante y adinerado de la ciudad y se nota: es cómodo, está limpio y es seguro. También recorrimos el paseo de la costa, al borde de los acantilados. Este camino nos llevo hasta Barranco, un barrio mas “hipster” que combina modernidad e historia. Otro día visitamos el centro, lleno de edificios coloniales e iglesias, como la mayoría de las grandes ciudades de Perú.

Lima es una ciudad que cuesta querer. El gris plomizo, la locura del tráfico, la inmensidad… hay que andar con cuidado porque hay barrios peligrosos y tampoco hay algo muy destacable que visitar. Pero si le dedicas tiempo le acabas encontrando su punto, sobre todo a través del estomago. Ahora seguimos hacia el norte, destino Huaraz. Mas altura nos espera…

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