Al fin playa ðŸŒ…

Y la otra razón para venir a Mancora era la playa. Desde Indonesia, salvo algunos baños furtivos en Australia, no habíamos podido disfrutar de unos días de sol, arena y mar. Han sido mas de 4 meses, muchos días de frío invierno. Teníamos unas ganas terribles de ponernos el bañador y dejar las chaquetas y los pantalones largos.

Aquí aún es invierno, pero si hace sol el día es caluroso. Eso sí, sopla muchísimo el viento por lo que tampoco es la playa mas agradable del mundo donde tumbarse a ponerse moreno. Pero es una playa al fin y al cabo. Hemos pasado aquí 3 días y nos hubiéramos quedado muchos más si no fuese porque hemos coincidido con las fiestas patrias de Perú y los precios de todo se disparan, multiplicándose hasta por dos.

Pero lo mejor de todo ha sido la elección del hostal. Un pequeño bungalow a 20 metros de la playa regentado por un amable matrimonio donde nos han tratado como reyes. Durante los dos primeros días la pareja no estaba y nos atendió Carmen, una simpática mujer con unas manos de oro para la cocina. Cada plato que probábamos estaba delicioso.

Y otra cosa increíble es que hemos estado casi solos, tanto en el hostal como en la playa. Parece que a esta zona no llegan muchos extranjeros, que se quedan un poco mas al norte, en Mancora. El turismo interno comienza ahora, por lo que la mayor parte del tiempo estábamos unas 6 personas en muchos kilómetros de playa y todos los días comíamos y cenábamos solos escuchando las olas romper contra la playa. Un placer muy difícil de encontrar mas aún en estas fechas.

Esta noche dejamos nuestro pequeño hogar en Vichayito con mucha pena. Hoy como despedida, hemos visto una ballena en el horizonte que parecía dar coletazos al agua para decirnos adiós. Ha sido el punto final a un lugar que recordaremos con cariño porque ha sido un pequeño paraíso en Sudamérica. Esperamos que en Ecuador y Colombia encontremos algo parecido…

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Persiguiendo ballenas 🐋

Uno de los motivos para venir a Mancora era intentar meternos en un tour para ver ballenas. Toda esta zona de la costa, desde Perú pasando por Ecuador y Colombia, es zona migratoria de ballenas jorobadas. Habíamos oído que era relativamente fácil poder verlas así que nos animamos y reservamos una vuelta en barco a pesar de que era un poco caro (siempre comparando con precios peruanos claro).
El madrugón fue importante, a eso de las 6 de la mañana ya estábamos en pie para montarnos en el coche que nos llevaría desde nuestro hostal en Vichayito hasta el puerto de Los Órganos, desde donde salía la embarcación. Allí tuvimos que esperar una media hora a que llegase todo el mundo, pero no nos importó porque la actividad en el puerto era frenética.

Amanecía en la playa pero los pescadores ya llevaban horas faenando. Normalmente iban padre e hijo, y mientras uno manejaba la caña el otro limpiaba el pescado. Lo mejor de todo era que a su alrededor se acumulaban decenas de pelícanos esperando que les lanzaran las sobras. Era divertidísimo observar como intentaban robar pescado de los cubos. Además las tortugas salían a respirar cada poco rato por los alrededores, lo que hizo la espera mucho mas entretenida.

Finalmente nos montamos en la lancha. Eramos unas 20 personas, además del capitán y dos biólogos marinos. El tour estaba muy bien organizado, constantemente ofrecían explicaciones sobre los hábitos de las ballenas y otros animales de la zona. Además eran muy respetuosos con ellas, porque eran los encargados de fotografiarlas y mantener el registro de los especímenes que visitaban las costas cada año. En realidad era como si acompañásemos a un grupo de biólogos a su reconocimiento diario, lo que era genial porque ellos mostraban tanta pasión por encontrarlas como nosotros.

Habíamos oído que era fácil verlas, pero no tanto. A los 5 minutos ya observábamos a una madre y una cría nadar juntas apenas a 20 metros de distancia. Son animales colosales y son impresionantes cuando emergen del agua. Sus lomos son enormes y cuando sacan la cola y golpean el mar, eres consciente de la fuerza que tienen. Nadan rapidísimo y cuando se sumergen es muy difícil predecir su trayectoria porque cambian de dirección en un abrir y cerrar de ojos.

En las casi 3 horas de navegación pudimos ver unas 10 ballenas diferentes, todas relativamente cerca de la costa. No tuvimos la suerte de verlas saltar, algo que debe ser un espectáculo sin comparación. Pero si las vimos respirar, golpear con la cola varias veces y nadar en círculos para divertirse. Es una experiencia muy divertida y emocionante observar el mar y encontrar una, y después intentar seguirla. Nos hubiéramos quedado hasta el anochecer en el barco detrás de ellas y hubiésemos repetido todos los días.

Trujillo colonial 🚶🏻

Seguimos hacia el norte de Perú, cada vez mas cerca de la frontera con Ecuador. El tiempo mejora, dejamos las chaquetas de invierno e incluso por el día ya podemos ir en camiseta por la calle. Un alivio después de 3 meses de invierno no previstos en nuestro plan inicial. Llegamos a Trujillo, una ciudad colonial fundada, como no, por los españoles en su camino por encontrar el oro inca.

Trujillo, como casi toda ciudad de Perú, ha sufrido decenas de terremotos e inundaciones a lo largo de su historia. Los españoles tuvieron que reconstruirla prácticamente desde cero en 1619 tras un terrible sismo. Aprendiendo de la experiencia, los edificios son enormes y sus paredes gigantes para resistir los movimientos de tierra. Este hecho es una constante en Perú, pero no deja de maravillarnos la enormidad de las iglesias y sus cúpulas gigantes.

Lo sorprendente es que en estas tierras habitó una cultura pre-inca llamados “chimús” que ya edificaban teniendo en cuenta los sismos. Apenas a 10 kilómetros de Trujillo visitamos las ruinas de Chan Chan, la que fue la capital del imperio chimú. Construida completamente de adobe, es la segunda ciudad mas grande del mundo construida con este material. Sus muros son altísimos y de un grosor considerable. Aquí se puede observar claramente como los habitantes originales de América también tuvieron que enfrentarse a los desastres naturales.

Volviendo a Trujillo, lo mas llamativo de la ciudad son sus colores y sus ventanas enrejadas. A lo largo de todo el casco histórico se suceden las casonas coloniales pintadas de vivos colores: rojo, amarillo, azul. Todas tienen grandes ventanas con rejas, muchas de ellas con las iniciales de las familias que las habitaron. También son muy espectaculares sus balcones exteriores, todos construidos de madera y acristalados. Un recuerdo de la vieja España que sigue vivo en Perú.

La ruta continúa, estas vez con destino a la costa peruana. No podíamos dejar este país sin visitar sus playas y bañarnos en el pacífico. ¡Esperemos que el tiempo acompañe!

Laguna 69 🏔

Los días en Lima habían acostumbrado a nuestro cuerpo de nuevo al nivel del mar y volver a la altura ha sido duro. Desde la capital hemos cogido un autobús hasta Huaraz, que se encuentra a unos 3.000 metros. Nuestro objetivo allí era hacer una excursión para visitar el parque nacional Huascarán.

Desde el pueblo salen decenas de ellas, la mayoría de varios días de duración. Muchas son trekkings bastante exigentes e incluso algunas escaladas a montañas que superan los 6.000 metros. Nuestro físico y energía no nos invitaba a hacer ninguna de estas últimas pero si que estábamos decididos a intentar hacer una de las menos duras. Finalmente nos decidimos por el trekking de un día hasta la laguna 69.

A las 5.30 de la mañana el minibus pasó a recogernos por el hostal. Tras 3 horas de viaje llegamos a la entrada del parque nacional y desde allí tocaban otras 3 horas de caminata hasta la laguna. La verdad es que el paisaje alrededor era espectacular, con montañas enormes y nevadas por todas partes y ríos y cascadas transparentes naciendo de ellas. Con comida y agua a nuestra espalda iniciamos el camino.

La primera hora era prácticamente llano, por lo que era relativamente fácil recorrer el valle. Pero después comenzaba el desnivel y no paraba hasta la laguna. Partíamos de unos 3.900 metros sobre el nivel del mar y teníamos que llegar hasta los 4.600. El camino no era complicado pero a esa altura subir, como ya hemos dicho muchas veces, es muy difícil. La segunda hora la superamos con cierta soltura pero la tercera fue una tortura. Cada 5 minutos teníamos que parar a recuperar el aliento porque nos faltaba el aire. Algunas personas tuvieron que abandonar la subida porque no podían respirar.

Finalmente llegamos a la laguna 69, con la lengua fuera y casi sin aire. Pero las 3 de horas de caminata merecieron la pena: un agua azul turquesa al borde de las montañas nevadas, una imagen de documental de naturaleza. El color es irreal, te atrapa y no puedes dejar de mirarlo. Nos sentamos una hora a admirar el paisaje y hacer fotos, aunque nos hubiéramos quedado toda la tarde.

Pero teníamos que regresar al punto de partida para volver a Huaraz. La bajada fue mucho más fácil que la subida, aunque el sol apretaba fuerte y las piernas empezaban a pesar. Por suerte justo al final discurría un río de agua glaciar donde pudimos meter las piernas para relajarlas, uno de los mejores momentos del día.

Al día siguiente dejaríamos Huaraz destino Trujillo, pasando de las cordilleras heladas a la playa del Pacífico. Está claro que Perú es un país de contrastes.

Gris ☁️

Hemos pasado una semana en Lima y absolutamente todos los días, cada minuto de cada hora, el cielo ha estado lleno de nubes de color gris. Este color inunda las calles, se refleja en los edificios, invade los acantilados de la costa. Es duro ser limeño y no ver casi nunca el sol. Por eso cuando encuentras una nota de color en alguna esquina es toda una alegría. Y por suerte la ciudad esconde varios rincones donde llenarte de vida.

Nuestro primer hostal en la capital de Perú era tan desastre que solo pasamos una noche allí. La cama era puro cemento, las ventanas eran de papel y el horrible tráfico de la ciudad resonaba por todas partes. Ah y como no, el wifi era inexistente. Dormimos tan mal que al día siguiente cancelamos el resto de las noches y buscamos un nuevo lugar donde pasar la noche. Por suerte Paula encontró una habitación en Airbnb que prometía mucho en el mejor barrio de la ciudad, Miraflores. Y allí que fuimos esperanzados, buscando encontrar un lugar donde descansar.

Bendito Airbnb. La casa era increíble, la anfitriona amabilísima y la ubicación inmejorable. Los dos días restantes se transformaron en seis. Incluso parecía que el sol podía salir entre la nubes. Tras un día de sueño reparador nos propusimos descubrir Lima, sobre todo sus delicias gastronómicas. A destacar: la sandwicheria “La lucha”, bocadillos de una carne excelente y unas papas riquísimas. La cocina al wok de “Sr saltado”, una mezcla de sabores asiáticos y peruanos a un precio asequible. Y sobre todo “El Cevichano” un puesto del mercado de Miraflores donde probar platos peruanos tradicionales. El ceviche que preparan allí es insuperable. Uno de lo platos del viaje.

Para bajar toda esta comida caminamos bastante y exploramos a fondo nuestro barrio. Es el mas elegante y adinerado de la ciudad y se nota: es cómodo, está limpio y es seguro. También recorrimos el paseo de la costa, al borde de los acantilados. Este camino nos llevo hasta Barranco, un barrio mas “hipster” que combina modernidad e historia. Otro día visitamos el centro, lleno de edificios coloniales e iglesias, como la mayoría de las grandes ciudades de Perú.

Lima es una ciudad que cuesta querer. El gris plomizo, la locura del tráfico, la inmensidad… hay que andar con cuidado porque hay barrios peligrosos y tampoco hay algo muy destacable que visitar. Pero si le dedicas tiempo le acabas encontrando su punto, sobre todo a través del estomago. Ahora seguimos hacia el norte, destino Huaraz. Mas altura nos espera…

Pingüinos y leones marinos  🐧 

Pingüinos y leones marinos 🐧 . Al fin llegamos a la parte mas interesante de la excursión, las islas donde viven los pingüinos y los leones marinos. Lo primero que vemos es una familia de pingüinos que intenta descender por las rocas para lanzarse al agua. Son pequeños y muy graciosos, lastima que no podemos bajar a tierra para verlos mejor. Al poco rato empezamos a ver leones marinos: nadando en el agua, lanzándose a ella, durmiendo como troncos en las rocas en posturas imposibles. Es increíble poder verlos en su hábitat natural y ellos parecen haberse acostumbrado a las personas. Incluso algunos de ellos parecen posar para las fotos. . Mas en badpackers.com . #goodpacking #perú #paracas #islasballestas #barco #islas #mar #leonesmarinos #hugoarmadillo

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Desde el desierto en Huacachina se puede hacer una excursión a la reserva natural de las islas Ballestas, que apenas están a una hora en coche de allí. Nos decidimos a visitarlas y tuvimos suerte, porque el temporal había impedido que los barcos salieran los dos días anteriores. Nos despertamos a las 5.30 de la mañana y totalmente dormidos nos metimos en el bus que nos llevaría del desierto a la costa.

Al llegar todo estaba bastante bien organizado. Los barcos son en realidad lanchas que te permiten una vista alrededor de 360 grados, cosa que se agradece mucho porque hay un montón de lugares a los que mirar. En la embarcación somos unos 30 sentados en filas de 4, con pasillo en medio. La lancha es lo suficientemente ancha como para moverte por ella y poder mirar incluso por el lado que te queda mas alejado. 

A eso de las 8.30 salimos del puerto en dirección a las islas. La primera parada es para contemplar las enormes aves marinas que viven cerca de la costa. Son pelícanos enormes que cuando emprenden el vuelo parecen aumentar aún mas de tamaño. Después el barco recorre la isla donde se encuentra “el candelabro”, un geoglifo parecido a los que se encuentran en Nazca. No se conoce bien el origen del dibujo, pero según nos cuentan si está relacionado con las famosas líneas

Al fin llegamos a la parte mas interesante de la excursión, las islas donde viven los pingüinos y los leones marinos. Lo primero que vemos es una familia de pingüinos que intenta descender por las rocas para lanzarse al agua. Son pequeños y muy graciosos, lastima que no podemos bajar a tierra para verlos mejor. Al poco rato empezamos a ver leones marinos: nadando en el agua, lanzándose a ella, durmiendo como troncos en las rocas en posturas imposibles. Es increíble poder verlos en su hábitat natural y ellos parecen haberse acostumbrado a las personas. Incluso algunos de ellos parecen posar para las fotos.

A las dos horas estamos volviendo a tierra firme. Nos ha sabido a muy poco, porque nos habríamos quedado horas simplemente viendo a los animales. Pero aún así merece muchísimo la pena. Ahora dejamos esta zona de Perú para dirigirnos a su capital, Lima.  

El desierto en Huacachina ðŸ

El desierto en Huacachina 🏝 . El conductor nos llevó hasta el medio del desierto donde llegaría la mejor parte del día: sandboard. En principio íbamos a empezar por una duna pequeña y luego iríamos subiendo de dificultad. Pero el señor del buggie decidió llevarnos directamente a una duna enorme porque consideró que no necesitábamos entrenamiento y porque así estaríamos solos allí. Obviamente nadie quería lanzarse porque la altura era considerable. Pero nosotros no íbamos a quedarnos sin hacerlo así que dimos un paso adelante y nos lanzamos. Y fue brutal. Tanto que nos tiramos todas las veces que pudimos. . Mas en badpackers.com . #goodpacking #perú #ica #huacachina #desert #duna #sandboard #buggie #subirladunaesmortal

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Uno de los pocos climas que nos quedaba por recorrer durante el viaje era el desértico. En Australia no nos atrevimos a viajar por el centro del país, donde hace falta prepararse a conciencia porque no hay absolutamente nada. En Perú en cambio todo es más fácil, porque las comunicaciones son mejores y las distancias no son tan enormes. 

Desde Arequipa cogimos un bus nocturno hasta Ica, la ciudad que da entrada al oasis de Huacachina. Si la idea de visitar el desierto ya nos parecía atractiva, el poder dormir en un pueblo construido alrededor de un oasis en medio del desierto era irrechazable. La realidad es que el lugar es bastante turístico: en origen fue construido como balneario para los peruanos adinerados, que viajaban hasta aquí para bañarse en la laguna. En su momento se decía que el agua tenía propiedades curativas y por eso la gente se acercaba hasta aquí. Con el tiempo la laguna fue secándose y para mantenerla bombean agua desde la ciudad cercana, por lo que ya ha perdido su “poder sanador”.

Aún así el pueblo se ha mantenido como lugar turístico, ahora reconvertido hacia las visitas al desierto y el deporte de aventura. Y eso es lo que nosotros buscábamos. Nada mas llegar contratamos un viaje en buggie de dos horas por el desierto para esa misma tarde porque nuestros días aquí eran limitado y queríamos aprovecharlos al máximo. Hicimos tiempo recorriendo la laguna y haciendo algunas fotos de las enormes dunas que la rodean, mientras veíamos como algunos buggies salían del pueblo con dirección al centro del desierto.

Finalmente llegó la hora y tuvimos la suerte de poder sentarnos en la parte frontal del vehículo. Estos coches parecen construidos a mano, con un motor potentísimo para poder subir montañas de arena y unas ruedas enormes para no quedarse atrapados en ellas. El viaje a través del desierto comenzó y fue mucho mejor de lo que esperábamos. Los dos habíamos experimentado ya el ir en coche por el desierto, pero aquí las dunas son enormes y a los conductores les encanta lanzarse por ellas. Es un auténtico chute de adrenalina que no quieres que termine.

El conductor nos llevó hasta el medio del desierto donde llegaría la mejor parte del día: sandboard. En principio íbamos a empezar por una duna pequeña y luego iríamos subiendo de dificultad. Pero el señor del buggie decidió llevarnos directamente a una duna enorme porque consideró que no necesitábamos entrenamiento y porque así estaríamos solos allí. Obviamente nadie quería lanzarse porque la altura era considerable. Pero nosotros no íbamos a quedarnos sin hacerlo así que dimos un paso adelante y nos lanzamos. Y fue brutal. Tanto que nos tiramos todas las veces que pudimos.

Cuando el sol se empezaba a esconder por el horizonte recogimos las tablas y fuimos a ver atardecer a un lugar donde poder observarlo tranquilamente. Hicimos decenas de fotos porque el paisaje era espectacular. En resumen, una experiencia increíble que recomendamos a todos lo que vengan a Perú.