Ciudades en las alturas ☁️

Tras el tour de 4 días por el salar de Uyuni y alrededores estábamos bastante destrozados. Nuestra ciudad elegida para reponer fuerzas fue Potosí y la verdad es que no es el mejor lugar para hacerlo. Se encuentra a 4.000 metros de altura, siendo gracias a ello la población con mas de 100.000 habitantes mas alta del mundo (descartando El Alto, una subciudad dentro de La Paz). A esa altura no puedes subir unas escaleras sin que te falte el aliento, por lo que nuestro cuerpo no descansó demasiado.

Aún así recorrimos la ciudad y sus interminables cuestas. Potosí tiene mucha historia y en la Casa de la Moneda nos contaron gran parte de ella. Cuando el imperio español estaba en su cénit esta ciudad llegó a ser la tercera mas grande del mundo, después de Londres y París. De su “Cerro Rico” se extrajeron infinitas cantidades de minerales, entre ellos plata y oro, que surcaron el Atlántico hacia la península. La ciudad fue una de las grandes posesiones de España y su inmensa riqueza dio pie a la expresión “vale un potosí”.

La ciudad posee miles de leyendas de tesoros ocultos en sus casas, los llamados “tapados”, que los antiguos habitantes ocultaban en paredes y suelos. Aún hoy se buscan, siendo una de las anécdotas mas contadas por los lugareños. Nosotros no tuvimos suerte y nos fuimos de allí con la misma riqueza que llegamos, incluso un poco menos.

El siguiente destino en nuestra ruta hacia el norte era Sucre. Aunque casi todos los organismos importantes están en La Paz, Sucre sigue manteniendo el título de capital de Bolivia. La ciudad tiene un encanto especial y de momento es la que mas nos ha gustado de todo el país. Sus edificios coloniales se conservan perfectamente y la mayoría de ellos pueden visitarse. Destacamos la casa de la libertad, donde hicimos un tour por 2€ donde nos explicaron toda la historia del país en apenas media hora.

El mercado principal también nos encantó: una superficie gigante donde puedes comprar cualquier cosa a muy buen precio. También comimos allí dos días platos típicos bolivianos, sentados en mesas rodeados de sucrenses. Es todo un espectáculo solo llegar al comedor: decenas de mujeres se ponen a gritar los platos que tienen en el menú, compitiendo a base de decibelios por los posibles clientes. Especialmente divertido cuando chillan “Chorizoooo, mondongoooo” en la cara de turistas no hispanohablantes. 

Pero mas allá de la locura del mercado, Sucre es una ciudad muy tranquila. Está llena de estudiantes, ya que aquí se encuentran muchas de las universidades mas importantes de Bolivia. Su ritmo es lento y calmado, y da una impresión de seguridad y bienestar que no habíamos sentido hace tiempo. Es una lástima que solo hayamos podido estar tres días, pero tenemos que continuar recorriendo el país. Ahora La Paz nos espera.

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