Sur de Bolivia, días 1 y 2

Nuestra llegada a Bolivia fue intensa. Salimos en bus desde Humauaca hacia la Quiaca donde cruzamos la frontera andando para llegar a Villazón. Tras el papeleo y cambiar pesos por bolivarianos, cogimos un taxi hasta la estación de autobuses. Una hora mas tarde estábamos subidos en uno camino a Tupiza, nuestro primer destino en este país. Antes de las 14:00 llegábamos a las afueras del pueblo.

Allí encontramos la primera complicación: los habitantes de Tupiza han bloqueado la carretera de entrada como protesta por no tener agua potable. La que sale del grifo está haciéndoles enfermar y quieren una solución. No nos queda otra que agarrar las mochilas y entrar caminando. Tras chequear un par de sitios nos quedamos en el hostal La Torre donde también contratamos la excursión por el salar: 4 días subidos en un jeep recorriendo el altiplano boliviano. Toda una aventura está a punto de comenzar.

Antes nos pertrechamos para el frío que vendrá: nos han avisado que por la noche pueden alcanzarse los -12 grados. No estamos preparados para aguantar esa temperatura, así que en el mercado local compramos guantes, gorros y calcetines largos de lana. Fue una de las mejores decisiones que tomamos ese día.

Al día siguiente nos levantamos a las 6 am. Hay que madrugar para evitar el bloqueo de Tupiza, así que nos metemos en el jeep y salimos del pueblo. En nuestro coche nos acompañan dos hermanas francesas, el conductor guía y la cocinera. Antes de explicarnos nada nos dan la mala noticia: el clima ha empeorado y es posible que no podamos visitar el parque nacional. Jarro de agua fría, porque nos apetecía mucho.

El primer día de tour empezamos a subir hacia el altiplano, haciendo varias paradas para contemplar el paisaje. Nuestro conductor guía, que se llama Nico, no nos da muchas explicaciones. La cocinera, una boliviana de unos 60 años llamada Margarita, es mas habladora. Poco a poco vamos conociendo su historia y con ella, las particularidades de la vida en Bolivia.

Lo mejor del día es caminar por el altiplano entre decenas de llamas. Los pastores las dejan sueltas por el campo, porque saben que después volverán para protegerse de los pumas. Hay blancas, negras y marrones y todas nos miran con cara de asombro cuando nos acercamos. Con su lana se fabrican abrigos y mantas y su carne alimenta a los habitantes de esta región. 

Correr tras ellas nos pasa factura: a esta altura cualquier esfuerzo te deja sin aliento. El día termina durmiendo en un pueblo perdido en el altiplano, dentro de un saco térmico y bajo 3 capas de mantas. El frío es peor de lo que imaginábamos. Y esto es solo el principio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s