Iguazú 💧

Tras unas 20 largas horas de bus desde Buenos Aires llegamos a Puerto Iguazú. La verdad es que el pueblo no es muy agradable que digamos, un conglomerado de casas, hostales y restaurantes callejeros que juntos componen lo necesario para ofrecer las comodidades justas al turista. Pero lo realmente impresionante está a 15 minutos de bus de distancia: las cataratas de Iguazú.

El botánico suizo Robert Chodat describió de una forma muy gráfica y precisa su imponente grandeza: “Cuando nos encontramos al pie de este mundo de cascadas y vemos, a 82 metros por encima de nosotros, el asombroso espectáculo de un océano cayendo a raudales en un abismo es casi escalofriante.” Ese escalofrío ante la magnitud y poder que despliega la naturaleza es la sensación que te invade al contemplar esta maravilla natural del mundo.

El momento cumbre ocurre cuando caminas sobre la pasarela que discurre por encima de la Garganta del Diablo. Allí la tierra parece hundirse y desaparecer ante tus ojos, mientras un río que metros atrás discurría pacífico se transforma en violencia mientras cae hacia el vacío. Las toneladas de agua golpean con tal fuerza el suelo que, a pesar de suceder 80 metros mas abajo, se produce una lluvia constante sobre la parte superior de la catarata. El paisaje es increíble, parece irreal. Te hace sentir insignificante.

Por si no fuera suficiente con las múltiples cascadas, el parque natural ofrece muchos otros motivos para visitarlo, como su naturaleza salvaje y su fauna local. Aquí puedes observar al avispado coatí (cuyo nombre significa nariz alargada en guaraní) un pequeño mamífero que parece una mezcla entre oso hormiguero y mofeta, y que como los possums en Oceanía, se lanzan sin dudarlo a por la comida de lo turistas. 

También encuentras correteando por los caminos y saltando de árbol en árbol ágiles monos capuchinos con su característica cabeza llena de pelo a modo de capucha. Para los amantes de las aves, Iguazú es todo un descubrimiento: 418 especies viven allí. Desde los inmensos jotes hasta las graciosas urracas de cabeza azul. Y si tienes suerte (nosotros la tuvimos) puedes ver hasta tucanes. 

Iguazú es un lugar increíble que parece pertenecer a ese pasado remoto donde la naturaleza dominaba el mundo. Merece la pena cada hora de bus desde Buenos Aires por contemplar este paraíso perdido.

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