Los rincones de Glenorchy

Los días en Nueva Zelanda empiezan temprano pero acaban pronto. Cuando el sol se esconde detrás de las montañas, sobre las 6 de la tarde, nos dirigimos al camping de turno y nos instalamos. Quizá instalarse es una palabra demasiado compleja para lo que sucede: simplemente aparcamos el coche en el sitio que mas nos gusta, ubicamos los baños y la cocina compartida (cuando la hay) y volvemos dentro de nuestra furgoneta.

Allí miramos un rato internet si tenemos cobertura, sino repasamos las fotos del día, escuchamos un podcast o nos entretenemos con algún juego del móvil. A eso de las 7 y media empezamos a preparar la cena: los días buenos podemos utilizar una cocina decente y estamos a cubierto en un refugio. Los días de camping barato cocinamos con nuestro camping gas y nos refugiamos del frío dentro de nuestro coche-casa.

El pequeño pueblo de Glenorchy, por suerte, tenía un camping relativamente barato con una cocina super equipada. Pudimos cocinar tranquilos y cenar a gusto. Fue todo un alivio, porque el día anterior habíamos dormido en un camping muy básico y necesitábamos algo de calor y confort. Además el cielo estaba despejado y como en Nueva Zelanda hay muy poca contaminación lumínica, se veían perfectamente cientos de estrellas. Eso es lo mejor de dormir al raso: el cielo por la noche es espectacular.

Durante el día Glenorchy nos había conquistado. Es un pueblo pequeño pero con mucho encanto que se encuentra en un valle al borde de un lago y rodeado de montañas altísimas, tanto que algunas ya tienen nieve en su cima. Pueden hacerse decenas de rutas caminando por sus alrededores y esconde un montón de rincones que merecen la pena. Nosotros solo pudimos hacer dos caminatas: una bordeando el lago y otra a través de un bosque cercano. En ambas las vistas son de postal. 

Nos fuimos de allí pensando que dejábamos muchos lugares por descubrir y caminos que recorrer. El pueblo tiene un aura especial, como si se hubiera quedado anclado en un pasado donde todo era mas sencillo y tradicional. Nos gustaría pensar que las altas montañas que lo envuelven lo protegen de la velocidad del futuro y lo conservan en un lugar atemporal, lleno de calma y belleza natural. 

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