Great Ocean Road 🌊🛣

Para nuestra última ruta por Australia pudimos coger otra relocation, lo que nos ahorraba unos buenos cientos de dólares. Eso sí, tenía una pega bastante grande: el primer día teníamos que hacer 700 kilómetros y llegar antes de las 6 de la tarde a nuestro camping. De lo contrario nos cerraban y no tendríamos sitio donde dormir. No hubiera sido tan problemático sino fuese porque no nos dejaban recoger la caravana antes de las 9 de la mañana. 

Nos echamos a la carretera con decisión pero sin sobrepasar nunca el límite de velocidad, para tranquilidad de nuestras familias en España. Además las carreteras de Australia son en su mayor parte de dos carriles, uno de ida y otro de vuelta, por lo que es casi imposible ir rápido. La ruta desde Adelaida hasta los 12 de apóstoles por el interior es mas corta, pero soberanamente aburrida. A pesar de todo conseguimos llegar a tiempo e incluso pudimos ver atardecer en la playa observando los apóstoles, que como primer contacto con la gran ruta oceánica es inmejorable.

Los dos siguientes días pudimos disfrutar de las maravillas del recorrido, que son salvajes y asombrosas a partes iguales. La Great Ocean Road es una carretera costera por el sur de Australia, formada principalmente por playas perfectas y acantilados que quitan el aliento. Seguramente estos últimos son lo que mas nos ha gustado de todo Australia y un top ten del viaje sin duda.

Las fotos y los vídeos no hacen justicia de la fuerza con la que la el viento y el mar golpean la roca. La inmensidad y bravura del mar es algo que no habíamos visto nunca y las formas que crea en la roca son únicas. La zona, preparada con mucho respeto para que los visitantes puedan recorrerla, hace referencia en sus carteles a una comparación que es muy cierta: el mar se convierte en un artista con la tierra. La moldea, la crea y la destruye, cambiando constantemente el paisaje y convirtiéndose en un escultor caprichoso y genial.

Cada parada en el camino merece la pena. Cada camino entre los acantilados, cada bajada a la playa para ver el mar golpear. Sientes que el paisaje está vivo y en constante cambio. Te hace sentir pequeño ante la grandeza del mundo, algo que solo habíamos sentido en Islandia.

Es una carretera que todos deberíamos recorrer al menos una vez en nuestra vida, porque es una experiencia que no se olvida jamás. Nosotros nunca podremos sacarnos de la cabeza la Great Ocean Road y su naturaleza salvaje nos acompañará siempre.

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