Hobbiton 🍄

Todo el mundo lo dice: ninguna película ha hecho tanto por un país como El señor de los anillos por Nueva Zelanda. Y nosotros estamos de acuerdo. La serie de películas de Peter Jackson, gracias a la magia del cine y la post producción, elevaba los ya de por sí bonitos paisajes de este país a un nivel estratosférico. 

Y si bien los neo-zelandeses (o “kiwis” como ellos mismos se denominan) se han beneficiado de un turismo sin precedentes, en nuestra humilde opinión Frodo y sus amigos no le han hecho todo el bien que parece al país. La expectativa de encontrar un lugar de cuento como el que ves en las películas es tan alta que al llegar aquí lo mas normal es decepcionarte. No porque lo que ves sea feo, que no lo es en absoluto, sino porque es imposible que esté a la altura de lo que hay en tu mente.

A parte de la diferencia entre cine y realidad, el señor de los anillos ha dejado mas huellas en las islas. Durante el rodaje de las 3 primeras películas, el equipo de producción tuvo que recrear Hobbiton en una granja cercana al pueblo de Mata-Mata. El acuerdo con el granjero era que después del rodaje no quedaría ni rastro del país de los hobbits en su terreno. Por culpa del mal tiempo el equipo tuvo que detener la deconstrucción unas semanas y la gente de alrededor (y los turistas) comenzaron a llegar a la zona para visitar lo que quedaba en pie. El propietario del terreno vio la posibilidad de negocio y cambió de idea: dejo los agujeros de hobbits en su granja y comenzó a cobrar por tours guiados.

Los turistas no paraban de llegar y el dinero fluía en mayor cantidad que el que le proporcionaban sus ovejas. La única mala noticia era que los materiales empleados para construir Hobbiton eran de muy mala calidad (no tenían que durar para siempre) y el mal tiempo neozelandés estaba destruyendo las casas hobbits. Pero su suerte iba a seguir en alza: la saga del señor de los anillos fue tal éxito que Sir Peter Jackson se lanzó a rodar el hobbit y se necesitaba construir Hobbiton de nuevo. Pero esta vez la construcción se hizo pensando en el negocio: materiales de primera calidad con el objetivo de crear un parque temático para el futuro. 

Ahora cualquier turista puede visitarlo al “módico” precio de 79 dolares (unos 50€). La experiencia dura unas dos horas y la verdad, es bastante decepcionante y aburrida. Es mas un tour de fotos delante de las casas hobbits que otra cosa. El guía cuenta alguna que otra anécdota del rodaje y la explicación que acabáis de leer del proceso de construcción, poco mas. Son más interesantes los vídeos que te ponen en el bus de camino acerca del making of de la saga que todo el resto. En definitiva una excursión para los super mega fans de la saga y solo si tienen tiempo de sobra. Por cierto el dato más sorprendente que nos dijeron fue que un 30% de la gente que visita Hobbiton no ha visto las películas ni leído los libros. No entendemos para que vienen aquí entonces…

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Walks 🚶🏻🚶🏻‍♀️

En Nueva Zelanda no hemos parado de andar. Es un país pensado para ello: en cualquier parte encuentras carteles como el de la foto, que te proponen caminatas hacia decenas de lugares diferentes. Las hay cortas, de apenas media hora y otras de varios días, llamadas Great Walks. Si te gusta pasear por la montaña éste es tu país.

Por suerte el frío y la lluvia parecen ser cosa del pasado (y del futuro, porque el invierno se acerca). De momento continúa brillando el sol en el cielo y por lo menos durante el día hace calor. Gracias a ello hemos podido visitar casi todo lo que teníamos propuesto, descartando tristemente dos excursiones que ocupaban un día cada una y era imposible cuadrar las fechas. 

Aún así hemos recorrido varios parques nacionales y explorado muchos bosques. El otoño cubre los árboles de amarillo y rojo y es todo un espectáculo de color pasear entre ellos. Además los ríos ya discurren con un gran caudal gracias a las lluvias y las decenas de cascadas que hay dispersas por las islas golpean con fuerza. Los picos mas altos ya tienen nieve y completan un marco idílico de naturaleza de montaña.

Ahora nos alegramos de haber metido las botas en la mochila y haberlas cargado durante todo el sudeste asiático, donde apenas las usamos. Aquí es nuestro único calzado y nos permite afrontar cualquier subida y camino, por embarrado o escarpado que sea. Lo mismo pasa con la ropa de abrigo: suerte que decidimos no enviarla de vuelta a Barcelona. Las noches cocinando al raso se hacen mas soportables gracias al north face.

Los días se van terminando aquí y aunque nos da cierta pena dejar Nueva Zelanda, ya tenemos ganas de dormir en una cama y no dentro de un coche. 

Reviviendo Galípoli ⚔️

Ya hemos dejado atrás la isla norte y se siente en el aire, menos frío y húmedo. Cogimos el ferry en Picton con nuestra caravana en la bodega del barco y en 3 horas nos plantamos en Wellington, la capital del país. Desembarcamos de noche y nuestro camping estaba a unos 30 minutos hacia el norte, así que no pudimos visitarla nada más llegar.

Nuestro apretado calendario en Nueva Zelanda solo nos permitía un día en la ciudad, por lo que hemos tenido que elegir cuidadosamente que visitar. Habíamos leído que todo el mundo recomendaba el museo de la ciudad y esa ha sido nuestra primera visita. Primera y prácticamente única porque nos ha encantado y hemos pasado el día entero allí. 

El museo de Wellington se llama Te Papa y lo que mas nos atraía de él es su sección sobre la cultura maorí. Pero lo que nos ha dejado boquiabiertos ha sido Gallipolli, una exposición sobre la batalla que se libró en esa región de Turquía durante la I Guerra Mundial entre británicos, neozelandeses y australianos por un lado y otomanos por otro. El tema en principio es 0 prometedor (además de desconocerlo por completo) pero era tan espectacular que nos hemos quedado horas allí.

El museo Te Papa ha colaborado para llevar a cabo Gallipolli con el estudio Weta, los responsables de la ambientación de todas las películas del señor de los anillos. Y el trabajo es sublime. Las figuras de los soldados son enormes y de un detalle exquisito. Los sonidos y efectos especiales de cada sala te introducen en la acción y cada objeto expuesto cuenta una historia interesante.

Además muchas de las instalaciones son interactivas, lo que te involucra en la acción y te hace entender mejor cada detalle. Es sin duda una de las mejores exposiciones que hemos visto en nuestra vida. Sumando a ello que la exposición maorí es también muy interesante, podemos decir que Te Papa es un museo que no te puedes perder si estás en Nueva Zelanda. 

Buscando glaciares ❄️

No podemos quitarnos de la cabeza Islandia. Es inevitable, porque un montón de lugares de Nueva Zelanda nos recuerdan a ese lugar. Y sabemos que es injusto, porque la comparación es imposible de sostener: Islandia es demasiado espectacular, posee demasiados lugares inolvidables en muy poco espacio. Ningún país que hayamos visto puede estar a la altura. 

Pero constantemente nos parece que Nueva Zelanda quiere competir con la tierra del hielo. Quiere destacar por sus montañas, sus paisajes y sus glaciares. Y es una competición perdida de antemano: todo en Islandia es mas grande, mas arrebatador y mas especial. Eso no quiere decir que no merezca la pena estar aquí, mas bien al contrario: estamos encantados de estar recorriendo este país. 

Sin embargo cada vez que vemos un paisaje que nos gusta nos recuerda a otro islandés que nos parece mejor. Es un runrún permanente y hablamos sin parar de ello. Nos gustaría no tener esa referencia en la cabeza y poder disfrutar de Nueva Zelanda sin esa comparación continua. Lo intentamos con fuerza, pero pocas veces lo conseguimos.

Hoy hemos madrugado para visitar los glaciares Fox y Franz Josef, dos de los mas grandes del país. Las dos visitas nos han dejado un poco fríos y no precisamente por el hielo, porque casi no había. El calentamiento global ha hecho retroceder el glaciar una gran cantidad de metros en los últimos 20 años y ahora su lengua es muy corta y apenas se ve desde el suelo. La única alternativa para poder verlo en toda su magnitud es hacerlo en helicóptero, un lujo que no podemos permitirnos.

Al menos hemos disfrutado de las vistas de las montañas nevadas en el horizonte y de los verdes bosques y prados que lo rodean. Y como no, de diferentes lagos formados por agua de glaciar, de un color irrealmente azul. Nueva Zelanda si por algo destaca es por sus lagos: tiene decenas, muchos de ellos enormes. Un verdadero espectáculo. Mañana seguiremos por el oeste de la isla sur ultimando nuestros días en esta parte del país.

Los rincones de Glenorchy

Los días en Nueva Zelanda empiezan temprano pero acaban pronto. Cuando el sol se esconde detrás de las montañas, sobre las 6 de la tarde, nos dirigimos al camping de turno y nos instalamos. Quizá instalarse es una palabra demasiado compleja para lo que sucede: simplemente aparcamos el coche en el sitio que mas nos gusta, ubicamos los baños y la cocina compartida (cuando la hay) y volvemos dentro de nuestra furgoneta.

Allí miramos un rato internet si tenemos cobertura, sino repasamos las fotos del día, escuchamos un podcast o nos entretenemos con algún juego del móvil. A eso de las 7 y media empezamos a preparar la cena: los días buenos podemos utilizar una cocina decente y estamos a cubierto en un refugio. Los días de camping barato cocinamos con nuestro camping gas y nos refugiamos del frío dentro de nuestro coche-casa.

El pequeño pueblo de Glenorchy, por suerte, tenía un camping relativamente barato con una cocina super equipada. Pudimos cocinar tranquilos y cenar a gusto. Fue todo un alivio, porque el día anterior habíamos dormido en un camping muy básico y necesitábamos algo de calor y confort. Además el cielo estaba despejado y como en Nueva Zelanda hay muy poca contaminación lumínica, se veían perfectamente cientos de estrellas. Eso es lo mejor de dormir al raso: el cielo por la noche es espectacular.

Durante el día Glenorchy nos había conquistado. Es un pueblo pequeño pero con mucho encanto que se encuentra en un valle al borde de un lago y rodeado de montañas altísimas, tanto que algunas ya tienen nieve en su cima. Pueden hacerse decenas de rutas caminando por sus alrededores y esconde un montón de rincones que merecen la pena. Nosotros solo pudimos hacer dos caminatas: una bordeando el lago y otra a través de un bosque cercano. En ambas las vistas son de postal. 

Nos fuimos de allí pensando que dejábamos muchos lugares por descubrir y caminos que recorrer. El pueblo tiene un aura especial, como si se hubiera quedado anclado en un pasado donde todo era mas sencillo y tradicional. Nos gustaría pensar que las altas montañas que lo envuelven lo protegen de la velocidad del futuro y lo conservan en un lugar atemporal, lleno de calma y belleza natural. 

Navegando Milford Sound â›´

Parece que la lluvia ha parado durante unos días y eso nos hace bastante felices. El frío no, pero ya nos hemos acostumbrado al abrigo de invierno y las botas de montaña. Como el pronóstico para los siguientes días no anunciaba tormenta, nos animamos a hacer el mini crucero de dos horas por el fiordo Milford Sound.

Cuando estuvimos en Islandia no tuvimos tiempo de recorrer fiordos y nos quedamos con las ganas. Por suerte en Nueva Zelanda hemos podido hacerlo e incluso navegar por ellos en barco. Milford Sound tiene unos 16 kilómetros de largo y transcurre entre montañas que llegan a los 2.000 metros de altura, con lo que la sensación de inmensidad te acompaña durante todo el viaje. Muchos de sus picos están nevados y tiene muchas cascadas, algunas de mas de 100 metros de altura.

En sus aguas viven delfines, focas, pingüinos y multitud de aves. Nosotros solo pudimos ver focas, que nadaban alegremente entre los enormes picos rocosos. Cogimos el crucero por la mañana porque era el mas barato y el frío del viento se notaba bastante cortante en cubierta. A pesar de ello pudimos pasar la mayor parte del viaje en la proa del barco, contemplando las infinitas paredes verticales e incluso mojándonos con el agua de las cascadas (el capitán era capaz de acercarse hasta casi tocar la piedra con el barco).

En definitiva una experiencia que mereció mucho la pena y que tuvimos la suerte de hacer con cielo despejado e incluso algún rayo de sol mañanero. Esperemos que continue así.

Camino al hielo â„️

Nueva Zelanda no nos ha recibido con los brazos abiertos precisamente: prácticamente ha llovido cada día de los que hemos estado aquí. Eso, unido al frío y al viento, hace de nuestros primeros días en el país algo bastante desapacible. Además vivir en la caravana y tener la ropa de invierno justa (recordemos que la idea era vivir en un eterno verano durante un año) tampoco ayuda a vivir confortable. Si os estáis preguntando si en la isla norte hace mejor tiempo que en la sur, ya os adelantamos la respuesta: llevan 3 días sufriendo un ciclón que ha inundado pueblos y ciudades.

Pero mas allá del maldito tiempo, Nueva Zelanda nos está gustando. Ya sabíamos que su fuerte eran los paisajes naturales y a pesar de que la lluvia y la niebla nos han impedido disfrutar de algunos, si que hemos podido contemplar otros cuando ha dejado de caer agua. Ayer en concreto fuimos desde el lago Pukaki hasta el glaciar Tasman y pudimos hacer una caminata de una hora muy agradable.

Eso sí, lo que mas nos está gustando del país son sus carreteras. Las vistas mientras conducimos son impresionantes y tenemos que parar cada poco tiempo para bajarnos del coche y observar lo que tenemos delante: lagos enormes con el agua en calma que reflejan el cielo, bosques teñidos de amarillo y rojo anunciando el otoño o montañas escarpadas de picos nevados que quitan el aliento. Recorrer Nueva Zelanda en coche es un verdadero placer para la vista.

Mañana llegamos al punto mas al sur del país y desde allí subiremos por la costa oeste, visitando mas glaciares, fiordos y parques naturales. Seguimos esperando a que el tiempo mejore y que por lo menos deje de llover. Cielo nublado nos vale.