Una roca de oro sujeta por un pelo de Buda 😒

Cuando hasta la Lonely Planet te avisa de que puede que sea raro visitar una roca en una montaña, prepárate para lo peor. Haciendo caso a algunas recomendaciones y blogs nos acercamos al monte Kyaiktiyo, donde una roca gigante bañada en oro desafía a la gravedad. Y podemos decir que la visita ha sido bastante fracaso.

Empecemos por lo bueno: la roca en sí es espectacular y fotogénica, más aún si llegas al atardecer. Es un caso de manual de “la foto engaña” porque aquí se acaban las cosas positivas.

Lo malo: vamos a dejar a un lado las 6 horas que hemos tardado en recorrer los 120 kilómetros de Yangón a Kinpun, el pueblucho al lado de la roca. Nada mas llegar hemos tenido que buscar hostal porque era imposible reservar por internet: ningún lugar aparecía en Booking o Agoda. Recorrer el servicio hostelero de Kinpun nos ha ofrecido el placer de ver auténticos horrores indescriptibles. Lo único decente que hemos encontrado cuesta 25$ la noche, un precio por el que en Vietnam tienes una suite. Lo mas caro que hemos pagado hasta ahora por dormir y el sitio es simplemente aceptable.

Después hemos subido al camión que, junto a otras 48 personas, te sube a la roca por el módico precio de 3€ ida y vuelta. 45 minutos de traqueteo infernal mas tarde hemos llegado a la cima del monte. Allí esperábamos disfrutar de un lugar de peregrinación y un ambiente místico alrededor de un lugar sagrado. 

Lo que hemos encontrado era mas bien el parque temático Roca Dorada, con un pueblo mucho mas grande que el de la base de la montaña, hoteles de lujo, centenares de tiendas y miles de locales haciendo selfies. Además solo los hombres pueden acceder a la roca, por lo que Paula ni siquiera ha podido acercarse. A todo esto había que pagar mas de 4€ por persona para entrar, un robo total. Tras la visita de apenas media hora, esquivando comerciantes y vendedores de todo tipo, vuelta al camión, espera de media hora y otros 45 minutos de bajada montañil en plan rebaño. 

Al llegar a Kinpun nos moríamos de hambre, pero la oferta gastronómica de Myanmar no ha decepcionado: una sopa horrible, sin sabor ninguno y sin apena fideos. Hemos acabado deambulando por el pueblo buscando un triste pan de molde con el que calmar nuestro estomago.

Como veis, nuestra recomendación acerca de la visita a la roca dorada se puede resumir en una frase: busca la mejor foto de ella y ni se te ocurra venir.

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