Good Bye Vietnam 🇻🇳 

Nos da una pena especial abandonar Vietnam. Es curioso porque no nos ha pasado en ningún otro lugar del viaje, ni siquiera en las paradisiacas islas de Camboya. Mientras vamos hacia el aeropuerto en autobús hacemos memoria de todos los recuerdos que nos llevamos de este país y la verdad es que son muchísimos.

Saigón, Hoi An, Hue, Hanoi… todos los pueblos y ciudades por los que hemos pasado nos dejan algo que contar. Ya sea su comida, su gente, sus rincones o sus paisajes. Es una combinación perfecta de comodidad y entorno salvaje, de campo y ciudad, de diversión y tranquilidad. Vietnam nos deja con ganas de más.

Es una sensación extraña, pero nos gustaría descubrir más de este país. Recorrerlo en moto, explorar lugares más allá de las rutas turísticas. Es como si supiéramos que esconde muchos secretos aún, quizá porque todo lo que hemos encontrado nos ha fascinado.

De lo que llevamos de viaje es el país que recomendamos con mas pasión. Sobre todo si se tiene tiempo: Vietnam pide deleitarse con cada rincón, con cada plato, con cada carretera de montaña. Para uno de nosotros ya es la segunda vez: esperamos que haya una tercera.

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Navegando la Bahía de Halong ðŸŒŠ

Cuenta la leyenda que un enorme dragón descendió del cielo y chocó contra las montañas una y otra vez, incansable. Cuando el dragón finalmente se sumergió en el mar, el agua entró entre las rocas y así se formó la Bahía de Halong. Esta palabra significa literalmente “Dragón que descendió al mar”.

Y la verdad es que tanto esta bahía como su hermana gemela Bai Tu Long, son tan espectaculares como su leyenda. Durante decenas de kilómetros enormes rocas llenas de limo verde se alzan desde el fondo del mar y navegar entre ellas es un espectáculo asombroso. Algunas son pequeñas montañas que surgen de la nada, otras son estrechos pilares de tierra que con su forma desafían a la gravedad.

Hay casi dos mil islas de este tipo a lo largo del Golfo de Tonkin, por lo que podrías pasar semanas para explorarlo entero. La lástima es que es un paraíso que sufre de una explotación turística enorme. Sobre todo su bahía mas conocida y cercana a la costa, Halong, rebosa de barcos a cualquier hora y su costa está llena de resorts. 

Bai Tu Long aún no es tan visitada y a pesar de que comienza a estar concurrida, aún conserva mucho encanto. Nos quedamos con muchas ganas de ir más allá y navegar hacia China, a bahías mas salvajes. Pero nuestros días en Vietnam se terminan y tenemos que volver a Hanoi para prepararnos para Myanmar.

Dia de graduación 🎓 

Nuestro segundo día en Hanoi decidimos visitar el Templo de la literatura, un conjunto de edificios que fueron construidos en 1070 en honor a Confucio. Este templo fue la primera universidad que hubo en Vietnam y supone un auténtico orgullo para sus habitantes.

Durante nuestra visita tuvimos la suerte de coincidir con un montón de grupos de alumnos locales que llevaban a cabo su graduación ese día. Su ritual de celebración consistía en vestirse de gala y hacer una sesión de fotos en el Templo de la literatura. 

Para la ocasión ellos se visten de traje con corbata fina y ellas con vestidos de colores y altas dosis de maquillaje. También llevan todos la toga y el birrete de estudiantes, con el que también se hacen fotos. Lo más divertido es ver las diferentes poses y juegos que hacen durante la sesión.

Ellos desfilan a lo Gangnam style con pose de tíos duros mientras sus compañeros se parten de risa. Ellas llevan un montón de globos de colores y simulan dejarse llevar por ellos. También utilizan ramos de flores y miran lánguidas al suelo.

Las fotos de grupo son otra cosa, mas parecidas a occidente. Sujetan sus diplomas y miran sonrientes a cámara. A veces, si hay parejas en la clase, se permiten el lujo de hacerse fotos entre lo romántico y lo cursi. Fue una experiencia genial coincidir con ellos y convirtió una rutinaria visita a un templo en una mañana muy divertida.

Vida de mercado ðŸŒ

Hanoi es una ciudad llena de vida. Su casco viejo, llamado “Old Quarter”, es la mejor representación de ello. Sus calles son “temáticas” cada una dedicada por entero a una actividad: vendedores de hierbas, constructores de escaleras, vendedores de artículos de navidad, herreros… Es todo un espectáculo pasear por sus calles y simplemente contemplar el discurrir de sus habitantes. 

Seguramente el lugar que más no ha impactado es el mercado callejero. No es un mercado para turistas: es donde ellos hacen su compra diaria. El ajetreo combinado con la fusión de decenas de olores lo hace una visita indescriptible. 

Las mujeres que llevan la fruta, los diferentes puestos que cocinan la comida allí mismo, los vendedores de verdura y setas deshidratadas… cada pequeño rincón merece una pequeña parada para ver como funciona el negocio. 

Especial mención a la pescadería: especies de todos los tipos y tamaños vivas saltan de sus cajas e intentan escapar, mientras los dependientes cambian constantemente el agua para que se mantengan frescas. Y cuando hablamos de todos los tipos de especies no mentimos: tortugas enormes, anguilas, y hasta un tipo de pez tiburón.

El momento estrella de la sorpresa (y el asco) es ver como despellejan sapos enormes y los preparan para venderlos. Algo que no olvidaremos nunca.

Luz en la oscuridad ðŸ™„

Hoy ha sido uno de esos días donde no ves la luz al final del túnel. Todo sale mal y no puedes hacer nada para evitarlo, solamente resignarte e intentar llevarlo lo mejor posible.

Nada mas empezar el día nos han alquilado una moto sin gasolina. Es costumbre en el sudeste asiático dártelas con la gasolina justa para que llegues a la gasolinera, pero en este caso solo había para dos kilómetros. Nos ha tocado arrastrarla un buen rato de vuelta al hostal para que nos pusieran mas.

Después hemos ido a comprar los billetes para marcharnos a Hanoi y resulta que nos habían informado mal: no hay bus a las 7 am, solo a las 9 pm. Ya teníamos reservada la noche de hoy para marcharnos por la mañana pronto y quedarnos aquí otro día entero era perder el tiempo. Allí mismo hemos tenido que cambiar nuestros planes y comprar el billete para hoy a las 9. Acto seguido corriendo al hotel para cancelar la reserva, subir a la habitación a recogerlo todo, hacer el check out y buscar algún sitio para dormir en Hanoi cuando lleguemos.

Todo esto nos ha hecho perder unas dos horas, que luego descubriríamos que iban a ser cruciales. Cuando hemos resuelto la logística, hemos podido volver al plan original: visitar las cuevas de Phong Nha y Paradise. Como no podía ser de otra manera, nos hemos perdido al ir a la primera, y hemos tirado media hora dando vueltas para descubrir que el barco que te lleva a verla se coge a 5 minutos andando de nuestro hostal. Genial.

Lo único bueno del día ha sido visitar la cueva. Un viaje en barco por las entrañas de la montaña, por grutas llenas de estalactitas y estalagmitas enormes. Incluso al final de la visita te dejan bajar a tierra y caminar por el interior, y el paisaje es asombroso. 

Al terminar, hemos cogido la moto para ir a la cueva Paradise, igual o mas espectacular que Phong Nha. Pero al poco rato nos hemos dado cuenta de que la rueda de atrás había pinchado: no podíamos seguir. Vuelta a arrastrar la moto 3 o 4 kilometros hasta el hotel. 

Cuando hemos llegado ya eran las 3 y la encargada del hotel nos ha informado de que ya no nos daba tiempo a visitar la cueva porque cerraba a las 5. Todo estupendo. 

En definitiva: hemos alquilado una moto para hacer mas kilómetros con ella a rastras que encima, nos ha hecho perder dos horas y además solo hemos visitado una cueva que estaba a 5 minutos andando por lo que no necesitábamos la maldita moto en primer lugar.

Para terminar el hotel de Hanoi nos acaba de informar de que no podremos entrar en la habitación hasta la 1 pm de mañana con lo que nuestro futuro es este: esperar 6 horas al bus en un pueblo cochambroso sin nada que hacer, 10 horas de viaje en un sleeping bus seguramente incomodo y frío y otras 6 horas de espera para entrar en nuestro hostal. 

Sí, viajar también es esto. 

 

Hue, ciudad imperial ðŸ¯

Ayer contábamos como un emperador vietnamita, al alzarse con el poder en el siglo XVIII, relegó a Hoi An a un segundo plano. Ese emperador se llamaba Gia Long y tomó otra decisión que cambiaría el país para siempre: trasladó la capital de Hanoi a Hue.

El emperador ordenó además que se construyera una enorme fortaleza dentro de la ciudad, que albergara toda la infraestructura necesaria para gobernar el país además de las dependencias para él mismo y su familia. Como resultado se creó la ciudadela imperial, un recinto gigantesco rodeado por una muralla de 10 kilómetros de perímetro y protegido por un foso de 30 metros de ancho. Dentro Gia Long y su descendencia gobernaron Vietnam durante decenas de años. 

Durante el siglo XX la ciudadela sufrió enormes daños debido a los diferentes conflictos que asolaron Vietnam, sobre todo durante la guerra contra EEUU. El Asedio de Hue, como se conoce la batalla que tuvo lugar en la ciudad, terminó con los americanos arrojando Napalm y bombardeando la capital imperial. 

En su intento de ganar la batalla y echar al Vietcong de la ciudad, los Estados Unidos acabaron arrasándola. Los propios soldados cuestionaron la estrategia de la batalla y sus consecuencias, hasta el punto de que una frase de un capitán americano se hizo mundialmente famosa: “¿Teníamos que destruir la ciudad para salvarla?”.

A pesar de todo los vietnamitas se han obstinado en reconstruirla y la verdad es que el trabajo que han hecho (y siguen haciendo) es increíble. Los edificios conservan todo su esplendor: pasear por sus calles y observar los diferentes palacios, parques y puertas que componen el complejo te traslada dos siglos atrás, a un imperio que buscaba demostrar todo su poder. 

Congelado en el tiempo â³

Una de las cosas que mas nos ha sorprendido en Vietnam es que casi todos los lugares que hemos visitado son un hervidero. Nada que ver con Laos o Camboya: mientras estos permanecen estáticos, este país parece querer avanzar hacia el futuro en un sprint constante. 

Esta velocidad a la que se mueve Vietnam parece ralentizarse del todo en Hoi An. El ritmo es completamente diferente: relajado, contemplativo, silencioso. Al pasear por sus calles nos preguntábamos constantemente porque era así, ya que debería ser lo opuesto tratándose de una ciudad portuaria. 

Para resolver la duda recurrimos a los libros de historia (en internet) y allí encontramos la respuesta. Hoi An fue un puerto clave en Asia durante siglos, quizá el más importante del continente. Pero a finales del siglo XVIII su relevancia cayó en picado debido a que el Emperador de la época, tras recibir ayuda de los franceses para llegar al poder, les concedió derechos exclusivos de comercio por mar en la cercana Danang. 

De repente Hoi An quedó relegada a un segundo plano en Vietnam. Su poco interés estratégico y la cercanía del enorme puerto de la ciudad vecina, ocasionó que su actividad frenética se desvaneciera. Pero por otro lado consiguió algo increíble para nosotros hoy: se detuvo en el tiempo. 

Solo aquí es posible visitar un puerto clave de Asia de hace 200 años, en perfecto estado de conservación. Una maravilla única donde el tiempo no pasa, para alegría de sus visitantes. Nada lo define mejor que su nombre: Hoi An puede traducirse como “lugar de encuentro pacífico”. Y ciertamente lo es.