Los niños

Allá donde vamos los locales tienen un ritmo tranquilo, pausado. Mucha siesta a cualquier hora (sobre todo en horario de trabajo) y mucha calma.

En cambio los niños… los niños son pura energía. No paran de correr, de jugar, de interactuar con los extranjeros. Parecen no haberse contagiado aún del ritmo laosiano.

Incluso los niños monje de vez en cuando dejan la seriedad budista para darse un baño en el río o jugar un partido de fútbol con una pelota improvisada. 

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