El ritmo laosiano ðŸŒ§

En Laos reina la calma porque el tiempo, como en muchos lugares de Asia, se vive diferente. Todo tiene otra cadencia, otro ritmo. Y eso, para evitar nervios y frustraciones, necesita un proceso de adaptación.

Si tienes que esperar horas para que se llene el bus que te llevará a tu destino, has de aprender a esperar. Si el vendedor de tíquets no aparece, tranquilo, que en algún momento (no se sabe cuando) lo hará. Si la comida no llega (a veces parece que tienen que ir a recoger el arroz para cocinarlo), ya vendrá. 

Y mientras aprendes a esperar, a no tenerlo todo en un ya como en occidente, vas dándote cuenta de que hay cosas que necesitan su tiempo para poder disfrutarlas. Ayer empezó a caer un monzón que duró horas y nos impidió movernos. ¿Qué hicimos? Esperar, contemplar y disfrutar.

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Los insectos de Laos

Éste que veis en la foto es de los buenos, pero grande como todos los malos que nos hemos encontrado: arañas, mosquitos, tábanos, abejas, saltamontes, avispas y otros de formas desconocidas. Todos enormes. Y algunos dentro de nuestra habitación (hola araña peluda gigante).

En el sudeste asiático tienes que ponerte antimosquitos a todas horas (el Relec es nuestro fiel amigo) y nosotros lo hacemos, con la esperanza de que los ahuyente a ellos y a todo bicho viviente. Es mas fe que otra cosa, porque hay tantos que es imposible que no se te acerquen. 

Hemos aprendido a amar a las salamandras porque acaban con todos a golpe de mordisco y a los ventiladores volumen 3 porque los repelen. Aún así las picadas no se pueden evitar y para combatirlas tenemos el bálsamo de tigre, que hace milagros con el picor (gracias Teo y Raquel por la recomendación, un día le dedicaremos una entrada entera a este ungüento milagroso).

Dejamos a un lado los reptiles que tendrán capítulo aparte…

Bombas en Laos ðŸ’£

En Nong Khiaw, al pagar la entrada para subir a la montaña (si en Laos se paga por todo, hasta por subir a una montaña) pasas por este puesto de madera.

Los avisos que se leen claramente en los carteles dicen: “Chequeo de tickets” y “Por favor baja la basura”. Pero los mejores son los que prácticamente no se leen: “No abandones el camino”, “Bombas sin explotar en el área” y “Peligroso + hombrecito con las manos en alto”.

Lo que hay escrito en lo que en principio parecía un recipiente para guardar los palos que te prestan para subir, pero luego resultó ser una bomba vacía es: “una de las zonas mas bombardeadas de Laos”. 

El puesto de madera puede rodearse por el otro lado, por lo que si te descuidas al subir no lo lees. Y el hombre de los tickets tampoco avisa. Sube mucha gente a la montaña y no hemos oido explosiones desde que estamos aquí, así que suponemos que la gente no se sale del camino… 

P.d: nosotros no nos salimos ni un milímetro. 

La cima de la montaña ðŸ”

Después del trekking de la jungla nos dijimos a nosotros mismos que pasaría un tiempo hasta el próximo porque habíamos acabado destruidos. Bien, pues han pasado exactamente 48 horas. 

Después de un día entero viajando desde Luang Namtha hasta Nong Khiaw (un día bastante horrible por cierto) decidimos quedarnos en este pequeño pueblo rodeado de montañas.

Nong Khiaw tiene uno de los mejores paisajes que hemos visto en lo que va de viaje, y ya sólo las vistas desde nuestro hostal son espectaculares. Pero nos enteramos de que existía un mirador en lo alto de la montaña donde eran aún mejores. Y allí que fuimos.

Era hora y media de subida, pero con este calor y humedad, unido a nuestro desgaste en la jungla, fue durísimo. Eso sí la vista desde la cima compenso todo el esfuerzo. Un valle inmenso partido por un río, con montañas verde intenso que se extienden por todas partes. 
Lástima no podernos quedar a ver la puesta de sol, pero arriesgarse a bajar a oscuras era demasiado.

Sanguijuelas en el río

La jungla también tiene su lado negativo: mas allá de la humedad y las casi 8 horas de caminata, lo peor fueron las sanguijuelas del río.No nos dimos cuenta hasta horas después, pero a Paula se le había agarrado una por debajo de la rodilla.

Es increíble como un animal tan pequeño puede sacar tanta sangre. Y eso no es lo peor: la herida no se cierra. Mirando en la wikipedia nos enteramos de que inyectan una sustancia anticoagulante que deja la herida abierta durante horas y no para de sangrar. 

Fue mas aparatoso que doloroso, pero un verdadero incordio. Si eso es lo que hacen los bichos mas pequeños de la jungla, no nos queremos imaginar lo que hacen los mas grandes…

La jungla

Hemos empezado fuerte Laos: al día siguiente de la aventura para cruzar la frontera nos apuntamos a un trekking por la jungla. Nos dijeron que eran unas 5 horas y acabo durando unas 8. Pero fue increíble.

La verdad es que adentrarte en la jungla es una experiencia única. La naturaleza crece sin control, el ambiente es asfixiante y a la vez te deja boquiabierto.

La travesía era dura, el guía muchas veces tenía que abrirse paso a golpe de machete entre el bambú para despejar el camino. Suerte que no llovía, porque el camino ya era resbaladizo sin agua. Cruzamos varios ríos para los que tuvimos que cambiarnos de calzado porque era imposible hacerlo con botas: cubría mas arriba de la rodilla. Constantemente teníamos que pasar agachados bajo árboles o saltarlos porque bloqueaban el camino.

A pesar de todo ello, del calor y la humedad, mereció mucho la pena. Incluso comer sentados en el suelo “sticky rice” con hojas enormes como mesa.

Cuando el bambú lo permitía, observar el paisaje desde la montaña te dejaba sin palabras. Los campos de arroz sin fin, los árboles inmensos, las montañas verde intenso. Los sonidos, el olor. La jungla.

Autostop en Laos ðŸš›

Cansados de los timadores de la frontera de Laos, que intentan convencerte de que son el único medio de transporte que puede llevarte a tu destino, decidimos caminar. 

Cargar las mochilas durante muchos kilómetros es agotador y más bajo el calor del sudeste asiático. Por eso nos decidimos a hacer autostop por primera vez en nuestra vida.

En apenas tres minutos una furgoneta llena de trabajadores se paró y nos ofreció llevarnos la mitad del camino. A pesar de que apenas había sitio (la parte de atrás estaba hasta los topes de herramientas y material de construcción) nos subimos sin dudarlo.

Fueron apenas 4 km pero valió la pena. Además de ahorrarnos media hora de caminata y 15€, nos demostró que con precaución, el autostop es un medio de transporte genial: conoces gente, es más rápido que el bus y lo mejor de todo, es gratis.