Fiestas en Cusco ðŸŽ‰

Cruzamos la frontera al sur de Perú hace 3 días y antes de llegar a Cusco, hicimos escala en Puno. Una ciudad pequeña, donde tuvimos nuestro primer contacto con la cultura, la moneda y las costumbres peruanas. Fueron apenas unas horas, pero nos sirvieron para visitar el centro histórico y el mercado central. Al día siguiente nos subimos al bus de 7 horas que nos llevaría a la capital del antiguo imperio inca.

Si hemos acelerado tanto por Bolivia ha sido por dos razones: el cambio de normativa de Machu Picchu que ya explicamos y las fiestas de Cusco. Durante estos días de junio se celebran en la ciudad un montón de eventos, que mezclan la tradición cristiana con las costumbres incas. Nos habían dicho que era todo un espectáculo así que decidimos no perdérnoslo.

El primer día que pudimos recorrimos el centro de Cusco y coincidió con la “octava Corpus Christi”, una festividad donde los cusqueños realizan procesiones desde la catedral hasta las numerosas iglesias de la ciudad, llevando a sus santos a hombros. Muy similar a lo que ocurre en España en Semana Santa pero obviamente con vestimenta, música y santos diferentes.

Hoy ha sido uno de los días de fiesta mas importantes, donde toda la sociedad civil de Cusco y alrededores desfilan por la ciudad. Cada asociación se viste con trajes regionales de muchos colores, algunos incluso con ropa inca. Desde la mañana toman las calles acompañados de bandas de música y bailan y cantan sin parar. Lo mas impresionante es la duración: comienza a eso de las 11 am y dura hasta las 3 de la mañana del día siguiente. ¿Por qué tantas horas? Porque hay hasta 300 asociaciones apuntadas al desfile y cada una de ellas son mucha gente. 

Mañana es el día mas especial y el que esperamos con mas ganas: el Inti Raymi o la fiesta del sol. Pero eso lo explicaremos en la siguiente entrada.

Adios Bolivia, ¡hola Perú! 🇧🇴 🇵🇪 

Ha sido breve pero intenso. Apenas 15 días recorriendo Bolivia de sur a norte, intentando empaparnos de la esencia de este país y su gente en solo dos semanas. Hemos podido ver amanecer en el Salar de Uyuni, indagar sobre las riquezas de Potosí, disfrutar de la tranquilidad de Sucre, acabar sin aliento por las cuestas de La Paz y navegar el inmenso lago Titicaca. 

Nuestro paso por tierras bolivianas ha estado marcado por el frío y la altura. Respecto al primero, nos vimos forzados a equiparnos para la nieve y el viento helado. Por suerte este país es un gran productor de ropa de invierno. Nada mas llegar nos hicimos con guantes, gorro y calcetines gordos para combatir las noches sin calefacción, que han sido muchas.

En cuanto a la altura, el mate de coca ha hecho milagros. A los dos nos ha afectado fuerte en diferentes lugares y hemos tenido que pasar un día cada uno en la cama sin poder hacer nada mas que rogar que el dolor de cabeza se pasase. Aún así hemos tenido suerte, porque muchos turistas tardan días en recuperarse.

Es curioso como la geografía y el clima marcan el carácter de las personas: los bolivianos son duros, apenas sonríen y les cuesta entablar conversación. Son tímidos y reservados y no es fácil conectar con ellos. Aún así hemos podido hablar de historia, de leyendas, de política y de tradiciones con muchos de ellos. Compartir idioma es un auténtico lujo y nos abre muchas puertas.

Nos hubiéramos quedado mas tiempo, pero nos hemos visto forzados a llegar a Cusco antes del 1 de julio. Ese día el gobierno de Perú cambia la normativa de Machu Picchu y a partir de entonces las visitas son mas restrictivas y mas caras. Por eso hemos ido un poco mas rápido de lo que nos hubiera gustado, saltándonos algunos lugares mas alejados de la ruta principal. Aún así nos vamos felices de Bolivia, un país que no entraba en nuestros planes pero que nos ha encantado.

Ahora nos espera Perú y tenemos grandes expectativas puestas en él. ¡Esperemos que esté a la altura!

Caótica La Paz ðŸ˜°

La Paz está demasiado alta para existir. Su ubicación entre montañas hace que esté llena de cuestas, que se convierten en pequeños infiernos uno detrás de otro. El mal de altura hace estragos aquí, porque todo es un esfuerzo. Además las calles están siempre llenas de tráfico, que circula respetando lo justo las normas de tráfico. Un completo caos.

El primer día aquí tuvimos la suficiente fuerza como para subir al mirador Killi-Killi, cuyo nombre proviene de una pequeña ave rapaz que habitaba allí. Varias cuestas y tramos de escaleras después, llegamos a la cima. No deja de sorprendernos como señoras de 60 años nos adelantan mientras subimos, muchas de ellas cargadas con grandes pesos a la espalda. Los paceños están entrenadísimos y su resistencia es sobrehumana.

Desde el Killi-Killi se puede contemplar toda La Paz y El Alto, un barrio tan grande de la ciudad que tiene entidad propia. Al ver el estadio comprendemos lo que deben sufrir los deportistas que vienen a competir en él contra los bolivianos: cualquiera que no esté acostumbrado a casi 4.000 metros de altura se ahoga después de una simple carrerita. La ventaja de jugar como local aquí es mas grande que en ninguna otra parte del mundo.

Los dos días restantes los dedicamos a intentar adaptarnos a la altura y a recorrer las partes mas accesibles de la ciudad, si es que alguna puede ser calificada así. La Paz no es muy bonita que digamos y tampoco muy segura. Aún así nos las arreglamos para salir indemnes y contentos de ella, sobre todo porque hemos elegido un buen lugar para dormir y hemos encontrado sitios riquísimos para comer.

¡Ah! Y el mercado callejero de La Paz, cerca de la zona turística es uno de los mas inmensos que hemos visto nunca. Calles y calles llenas de puestos y vendedoras, que envuelven mercados físicos, tiendas y almacenes. Nos preguntamos a dónde va tanta comida, porque no hay muchos compradores. 

Ahora abandonamos la ciudad dirección Copacabana, con la intención de visitar el lago Titicaca y pasar nuestros últimos días en el país. 

Ciudades en las alturas â˜ï¸

Tras el tour de 4 días por el salar de Uyuni y alrededores estábamos bastante destrozados. Nuestra ciudad elegida para reponer fuerzas fue Potosí y la verdad es que no es el mejor lugar para hacerlo. Se encuentra a 4.000 metros de altura, siendo gracias a ello la población con mas de 100.000 habitantes mas alta del mundo (descartando El Alto, una subciudad dentro de La Paz). A esa altura no puedes subir unas escaleras sin que te falte el aliento, por lo que nuestro cuerpo no descansó demasiado.

Aún así recorrimos la ciudad y sus interminables cuestas. Potosí tiene mucha historia y en la Casa de la Moneda nos contaron gran parte de ella. Cuando el imperio español estaba en su cénit esta ciudad llegó a ser la tercera mas grande del mundo, después de Londres y París. De su “Cerro Rico” se extrajeron infinitas cantidades de minerales, entre ellos plata y oro, que surcaron el Atlántico hacia la península. La ciudad fue una de las grandes posesiones de España y su inmensa riqueza dio pie a la expresión “vale un potosí”.

La ciudad posee miles de leyendas de tesoros ocultos en sus casas, los llamados “tapados”, que los antiguos habitantes ocultaban en paredes y suelos. Aún hoy se buscan, siendo una de las anécdotas mas contadas por los lugareños. Nosotros no tuvimos suerte y nos fuimos de allí con la misma riqueza que llegamos, incluso un poco menos.

El siguiente destino en nuestra ruta hacia el norte era Sucre. Aunque casi todos los organismos importantes están en La Paz, Sucre sigue manteniendo el título de capital de Bolivia. La ciudad tiene un encanto especial y de momento es la que mas nos ha gustado de todo el país. Sus edificios coloniales se conservan perfectamente y la mayoría de ellos pueden visitarse. Destacamos la casa de la libertad, donde hicimos un tour por 2€ donde nos explicaron toda la historia del país en apenas media hora.

El mercado principal también nos encantó: una superficie gigante donde puedes comprar cualquier cosa a muy buen precio. También comimos allí dos días platos típicos bolivianos, sentados en mesas rodeados de sucrenses. Es todo un espectáculo solo llegar al comedor: decenas de mujeres se ponen a gritar los platos que tienen en el menú, compitiendo a base de decibelios por los posibles clientes. Especialmente divertido cuando chillan “Chorizoooo, mondongoooo” en la cara de turistas no hispanohablantes. 

Pero mas allá de la locura del mercado, Sucre es una ciudad muy tranquila. Está llena de estudiantes, ya que aquí se encuentran muchas de las universidades mas importantes de Bolivia. Su ritmo es lento y calmado, y da una impresión de seguridad y bienestar que no habíamos sentido hace tiempo. Es una lástima que solo hayamos podido estar tres días, pero tenemos que continuar recorriendo el país. Ahora La Paz nos espera.

Sur de Bolivia, día 5

El último día del tour nos despertamos a las 5 de la mañana, con el objetivo de ver amanecer en el salar de Uyuni. Por suerte esa noche fue la mas cómoda de todas: dormíamos en un hostal de sal, cuyas paredes conseguían que el frío fuese muy soportable. Empacamos y sin desayunar nos metimos en el jeep.

En menos de media hora estábamos en medio de la explanada de sal, esperando a que el sol lo iluminase todo. Con la primera luz contemplamos la infinita extensión blanca que nos rodeaba. No tenía fin y solo gracias a algunas montañas aquí y allá conseguíamos hacernos una idea de su dimensión. Cerca de allí visitamos una de las muchas islas de roca que pueblan la superficie. Ésta en concreto estaba llena de cactus, algunos de cientos de años de antigüedad. Las vistas desde la altura eran impresionantes: la sal parecía no acabarse nunca, kilómetros y kilómetros cuadrados allá donde mirásemos.

Los guías nos condujeron de nuevo hasta el centro del salar para hacer lo que ellos llaman “fotos locas”. Básicamente esta parte del tour consiste en hacer fotografías aprovechando que la infinita manta blanca de sal hace que el ojo humano tenga problemas con la perspectiva. Al principio nos hicimos las típicas, pero después nuestro afán por innovar fue creciendo hasta llevar a cabo absolutas frikadas. 

Nos pasamos hora y media a pleno sol haciendo el mono. Fue muy divertido, pero al día siguiente sufriríamos los efectos: con un suelo de sal blanca, el sol rebota como en la nieve, con lo que nos quemamos bastante sin darnos cuenta. A pesar de todo mereció la pena. Para terminar los 4 días de excursión visitamos los alrededores del salar, un cementerio de trenes y acabamos en el pueblo de Uyuni. Este último es un auténtico vertedero con cero encanto, por lo que tras despedirnos de nuestros compañeros de viaje, nos metimos en un bus hacia nuestro siguiente destino: Potosí.

Sur de Bolivia, día 4

La alegría nos invadió nada mas salir del saco de dormir térmico: el sol salía por el este y el cielo estaba totalmente azul. El frío y el viento no había disminuido pero al menos la tormenta había desaparecido y la nieve comenzaba a fundirse. El día anterior habíamos dejado las montañas mas altas atrás y en esta parte del altiplano abundaban las lagunas. Ese era básicamente el principal atractivo del día.

Comenzamos visitando unas formaciones rocosas bastante curiosas, que solo los que soportaban bien el mal de altura pudieron escalar. Las vistas merecían el esfuerzo, porque la nieve cubría las colinas de alrededor y estábamos completamente solos. En una hora volvimos al jeep y emprendimos la marcha hacia las lagunas.

La primera que vimos estaba casi toda helada y como aún era muy pronto, el frío se hacía sentir. La bordeamos entera, caminando entre los pequeños ríos que la nutrían de agua. Había que tener mucho cuidado porque el suelo resbalaba muchísimo y había hielo por todas partes. Allí vimos por primera vez vizcachas: un roedor muy parecido al conejo, pero que trepa por las rocas con una agilidad asombrosa.

Reanudamos el camino hacia otras lagunas, con la esperanza de ver flamencos. El día anterior un grupo de viajeros que hacía la excursión en sentido inverso nos dijo que habían podido ver algunos y eso nos llenó de esperanza, porque normalmente se ven en el parque nacional y la tormenta no nos había permitido entrar en él. En las dos lagunas siguientes pudimos ver unos pocos de lejos, pero era casi imposible acercarse porque no se movían del centro del lago.

Finalmente llegamos a la laguna hedionda, que a pesar de su nombre, es un lugar mágico. Una laguna cristalina en la falda de una montaña nevada. El paisaje ya es suficientemente espectacular solo con eso, pero es que además había cientos de flamencos. Cerca de la orilla, volando alrededor del agua, comiendo con su cabeza bajo ella. Grupos enormes haciendo su danza, una marea rosa moviéndose sincronizadamente bajo el cielo azul. Mereció la pena todo el frío del mundo por contemplar aquello.

El día terminó por todo lo alto y al día siguiente nos esperaba el final de la aventura y el objetivo principal de ella: el salar de Uyuni.

Sur de Bolivia, día 3

Tras las malas noticias del día anterior sobre el temporal que se nos venía encima, nos esperábamos lo peor. La noche había sido muy fría y nada mas despertarnos nos dimos cuenta de por qué: había estado nevando durante horas. El suelo estaba completamente blanco y el viento era helador. Desayunamos pan con mantequilla y té de coca caliente, abrigados hasta las orejas.

Sobre las 8 de la mañana nos subimos al jeep y emprendimos la marcha. El plan original se había ido completamente al traste porque la nieve lo ocultaba todo y era imposible acceder al parque nacional. Los guías improvisaron un nuevo recorrido, que nos llevaría al punto mas alto de todo el viaje y desde el que podríamos contemplar volcanes enormes.

Pero la tormenta no arreciaba y la nieve ya se alzaba mas de 30 centímetros del suelo. Por las ventanas del jeep no se veía absolutamente nada y el camino apenas se distinguía. Las ruedas del coche derrapaban por el hielo y los conductores intentaban mantenerlo recto con toda la pericia posible. Pasamos varios ríos helados y a nuestro alrededor solo había blanco.

De repente los guías detuvieron el coche en medio de la ventisca. Nos avisaron de que acabábamos de llegar a nuestro destino: 4.855 metros sobre el nivel del mar. Una piedra con una pequeña inscripción anunciaba la altura y nos bajamos del coche para intentar hacernos una foto. El mal de altura hacía estragos pero el frío era lo peor: una sensación térmica de muchos grados bajo cero. Ni con todo el abrigo del mundo se podía combatir. 

Con este tiempo era imposible ver nada, así que el día terminó pronto. A las tres de la tarde estábamos en el refugio donde pasaríamos la noche. No pudimos llevar a cabo nada de lo planeado y estábamos bastante decepcionados. Por suerte el grupo de aventureros era muy simpático y el resto de la tarde-noche se hizo muy corto. Nos fuimos a dormir rogando que el clima nos diera un respiro al día siguiente.